Radiografía de los indecisos
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Radiografía de los indecisos

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Radiografía de los indecisos

01/06/2018
Actualización 01/06/2018 - 9:30

Esperanza de unos, dolor de cabeza de otros, los indecisos son parte del imaginario electoral a sólo unas semanas de los comicios del 1 de julio. Y digo del imaginario porque, a pesar de que la evidencia de otras elecciones muestra lo contrario, ese grupo de electores que aún no deciden su voto suele verse como una fuerza que puede cambiar las tendencias que marcan las encuestas. Por eso es importante hacer una reflexión bien documentada acerca del segmento denominado como 'indecisos'. El primer aspecto es que no hay consenso en quiénes son y cómo se miden, y predomina la idea errónea de que los indecisos son todos los entrevistados que no responden la pregunta sobre preferencia electoral. Después de casi veinte años de lidiar con ese subgrupo en diversas encuestas preelectorales publicadas, yo no lo veo así. En primer lugar, el total de entrevistados que no responden la pregunta de voto se subdividen entre quienes dicen no preferir a ninguno y quienes no responden o dicen no sé. Estos últimos suelen ser lo más cercano a los 'indecisos' por su respuesta “no sé” aunque ésta puede significar “no me interesa” o “no te quiero decir, el voto es secreto”. En la encuesta nacional que EL FINANCIERO publicó el 14 de mayo, este grupo que no responde sumó un inusual alto 38 por ciento (que para el análisis que aquí pretendo resulta, de hecho, fortuito), el cual se compone de 27 por ciento de personas que no respondieron, 10 por ciento que explícitamente dijo que no votaría por ninguno y 1.0 por ciento que dijo que anularía su voto. En esa misma encuesta se utilizó una pregunta para tratar de medir directamente a los indecisos, cuestionando a los entrevistados si ya decidieron su voto, si piensan cambiar o si aún no lo deciden. Con base en esa última categoría, los indecisos representan 28 por ciento en ese estudio.

Tomemos ambos subgrupos: los que no responden a la pregunta electoral (27 por ciento) y los que dijeron que no han decidido su voto (28 por ciento). Primera pregunta: ¿son los mismos? La respuesta es: no del todo. Del 27 por ciento que no respondió la pregunta electoral, casi un tercio dijo que ya decidió su voto o podría cambiarlo, 58 por ciento no lo ha decidido y el resto se empeñó en no responder tampoco a esta pregunta. Considerando solamente a los que no respondieron el voto y dicen que no han decidido estamos hablando de 15 por ciento de la muestra. Ésos realmente son los indecisos, un 15 por ciento.

Analicemos su perfil político. El 60 por ciento de los indecisos tampoco respondió por qué partido votarían para diputados o senadores, pero entre quienes sí lo hicieron, hay un ligero sesgo hacia el PAN, lo cual significa que los indecisos incluyen panistas no convencidos de votar por Anaya.

La mitad no tiene idea quién podría ganar la elección presidencial, pero de la mitad que sí aventura una respuesta, la mayoría señala a López Obrador. Son indecisos que parecen estar al tanto del ambiente que muestran las encuestas. De hecho, al preguntarles la opinión de los candidatos presidenciales, los indecisos expresan mejores ratings para el morenista que para sus adversarios.

Demográficamente, los indecisos tienen un menor nivel de escolaridad que el elector promedio, son de mayor edad y las mujeres superan a los hombres en razón de casi dos a uno. Este perfil podría lucir más priista que de cualquier otro partido, pero poco más de la mitad de ese 15 por ciento de indecisos son apartidistas. Así, los indecisos tienen un poco de todo.

Y lo más importante, los indecisos no se ven muy probables de ir a votar. La mitad no votó en 2012 (considerando solamente a quienes tenían la edad) y poco menos de la mitad parece tener ganas de votar en esta elección. Si votara la mitad, los indecisos se reducen a 7.0 u 8.0 por ciento del electorado. Supongamos que la mitad de ellos se van hacia un solo candidato, estamos hablando de 3.0 a 4.0 por ciento, es decir, el efecto de los indecisos es equivalente al margen de error de las encuestas. Según mis cálculos, el impacto de los indecisos será casi imperceptible.

Creo que la atención hay que redirigirla a los cambiantes y a los probables votantes, temas pendientes para otra ocasión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.