¿Polarizados?
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¿Polarizados?

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¿Polarizados?

25/05/2018
Actualización 25/05/2018 - 9:47

¿Ha sido este 2018 un proceso de polarización política? Da la impresión de que sí. El tono de las discusiones, la falta de puntos medios, los desencuentros, las divisiones, son tan sólo algunos elementos que el electorado ha experimentado a lo largo de las campañas.

Algo similar se vivió en 2006, cuando las familias y amigos estaban marcadamente divididos en su preferencia electoral. Pero quizás a diferencia de 2006, en este 2018 las divisiones no parecen darse al interior de los círculos íntimos del elector, sino entre grupos distintos, entre tribus bien diferenciadas.

¿Qué dicen los datos de las encuestas acerca de la polarización política? ¿Qué tan polarizado está el electorado? Para empezar, hay que ver a la polarización como el distanciamiento en los puntos de vista de los electores hacia los polos en una línea de conflicto o competencia política.

La polarización implica un movimiento centrífugo, un distanciamiento marcado de las opiniones hacia los polos y no hacia el centro, un movimiento en sentido contrario a los puntos de acuerdo, en el cual se enfatizan las diferencias y sus desacuerdos.

Si esta elección se ha polarizado, podríamos decir que ha sido porque los propios candidatos y sus partidos así la han planteado, como un parteaguas de decisión donde las opciones son 'ellos vs. nosotros'.

Para saber si el electorado mexicano se ha polarizado, me di a la tarea de ver cómo se han movido los seguidores de los partidos políticos en un eje de conflicto político. A falta de un eje que pruebe ser el más importante de esta elección, utilicé la escala de izquierda y derecha que suele incluirse en las encuestas.

Con esa escala se mide la orientación ideológica del 1 al 10, donde 1 significa ser de izquierda y 10 de derecha. Con esta escala resulta asombroso ver cómo los partidistas se han polarizado en en los últimos meses.

Para documentarlo revisé todas las encuestas nacionales de EL FINANCIERO realizadas de octubre a mayo, tomando la de noviembre como punto de partida, toda vez que ya estaban nombrados los principales candidatos. El objetivo es ver si a lo largo de estos meses los partidistas se han polarizado o no. En el caso de los priistas, la posición promedio en la escala pasó de 7.3 en noviembre a 7.5 en mayo, por lo que no se ve mucho movimiento. (Si consideramos la encuesta de octubre, los priistas se movieron un poco más, de 7.1 a 7.5). Pero los panistas sí dieron un salto mayor, al pasar de una posición promedio de 6.7 en noviembre a 7.9 en mayo. (De hecho, su posición promedio en octubre era 6.3, por lo que el salto es de un punto y medio, nada menor). Tanto priistas como panistas se movieron hacia la derecha. Los perredistas también se movieron en esa dirección, al pasar de un promedio más centrista de 5.6 a 6.1. Por su parte, los morenistas se desplazaron a la izquierda en ese flanco de la escala que ya ocupaban. En noviembre promediaron una posición de 4.3 y en mayo de 3.5. Así, mientras que panistas y priistas se movieron a la derecha, los morenistas dieron un giro mayor a la izquierda. Y los apartidistas también se movieron ligeramente a la izquierda, al pasar de 5.3 a 5.1. Se trata de un efecto de polarización seguramente provocado por el tono y los contenidos de las campañas, y del ambiente político en general.

A reserva de que las encuestas vayan abonando más evidencia, estos datos muestran muy claramente que sí hay indicios de un electorado polarizado. ¿Cuáles serán las consecuencias?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.