Las señales de Margarita
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Las señales de Margarita

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Las señales de Margarita

18/05/2018

La decisión de Margarita Zavala de salirse de la contienda presidencial es uno de los eventos de mayor impacto en lo que va de las campañas electorales. Margarita ya había causado un tsunami informativo el año pasado cuando anunció su salida del PAN para contender por la vía independiente. Ahora nuevamente volvió a fijar la agenda mediática, pero bajo circunstancias diferentes.

La pregunta más sonada luego de la renuncia fue: ¿adónde se irán los votantes zavalistas? Pero lo cierto es que no sólo importa lo que harán sus seguidores, sino cómo responderían otros segmentos del electorado a las señales que envíe la excandidata.

Tras su renuncia, Margarita Zavala se abstuvo de cualquier pronunciamiento a favor o en contra de otro candidato, dejando a sus seguidores la libertad de hacer lo que mejor les plazca. Quienes estudian las teorías de comunicación y opinión pública saben que, para que haya efectos en el electorado, los líderes deben enviar señales claras e inequívocas, lo cual en este caso no sucedió.

Zavala pudo haber enviado las señales para orientar a sus seguidores y esas señales pudieron haber influido también a algunos seguidores de otros candidatos, o a los indecisos, o a los electores cambiantes. Ahí radica la importancia de un pronunciamiento a favor o en contra de las opciones restantes.

Con la ruta del no endoso que tomó la candidata, sus seguidores se quedaron sin señales claras, lo cual hace muy difícil saber a priori lo que van a hacer. Las opciones naturales son: 1) cambiar a otro candidato, ya sea al azar o incrementando sus costos de información; 2) abstenerse de votar para presidente; y 3) seguir apoyando a Zavala en la boleta aunque su voto no sea válido.

Los candidatos del PRI y del Frente ya enviaron señales al electorado haciendo comentarios favorables de la candidata saliente. Sin embargo, dudo que esas señales importen mucho en el electorado zavalista. Las que importan son las señales que ella emita. Si los medios siguen dando cobertura a la excandidata, quizá vayan destilando algunas señales menos claras, pero no por ello menos importantes.

Lo que sí será difícil de dimensionar es el impacto directo de la renuncia de Zavala en el posible reordenamiento de las preferencias del electorado, ya que, a menos de que haya encuestas nacionales realizadas inmediatamente después de la renuncia pero antes del debate del domingo, será muy difícil aislar el impacto.

Es esperable que haya una nueva ola de encuestas después del segundo debate. Si las tendencias varían, será muy difícil determinar si los cambios se deben a la renuncia, al debate o a todo el paquete de información, sin olvidar que también puede haber variaciones por razones puramente metodológicas y muestrales.

Como corte de caja, Margarita Zavala deja la contienda presidencial con un nivel de conocimiento de 86 por ciento entre el electorado, con 20 por ciento de opiniones favorable, 39 por ciento de opiniones desfavorables y 27 por ciento de opiniones neutrales, según la más reciente encuesta nacional de EL FINANCIERO.

Veremos si esos números también se mueven de aquí al 1 de julio, ya que la excandidata sigue en la boleta y seguramente tendrá alguna cobertura mediática en lo que resta de las campañas.

Por lo pronto, una mirada más detallada a la imagen de Zavala podría darnos más pistas acerca del perfil de quienes hasta ahora opinaban favorablemente de ella. Según la encuesta, los positivos de Zavala alcanzan 40 por ciento entre los panistas, 27 por ciento entre los perredistas, 24 por ciento entre los priistas y apenas 8.0 por ciento entre los morenistas. Entre el electorado apartidista, que es el más numeroso, la opinión favorable de Zavala estaba ligeramente por debajo de su promedio nacional, 19 por ciento.

Margarita Zavala cierra un ciclo político, y entre las pocas señales que ha dejado ver, parece que comienza otro. De ser el caso, probablemente seguirá teniendo un papel protagónico en las encuestas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.