Encantadores del 'demos'
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Encantadores del 'demos'

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Encantadores del 'demos'

06/04/2018
Actualización 06/04/2018 - 14:32

Con las campañas presidenciales en marcha, entramos en uno de los momentos más ricos y más creativos de la retórica política. Los candidatos y sus equipos estarán afilando y empleando una gran variedad de recursos retóricos y simbólicos para obtener el favor de los electores. La misión no es informar, es persuadir o disuadir.

En esta era de redes sociales cada palabra, cada gesto, cada forma en que se comuniquen los candidatos con el electorado estará bajo escrutinio y, para su fortuna o desgracia, sujeto a la posible viralización.

Por lo menos desde la antigua democracia ateniense, quienes aspiran al kratos han tenido muy claro que la comunicación con el demos es compleja, sobre todo ante un demos irritable.

Pericles, uno de los grandes del discurso público, empleaba códigos de oratoria y de gesticulación muy elaborados, aunque eso no lo hacía inmune a la crítica, según narra Vincent Azoulay en una biografía (1). A veces su mesura y su carácter imperturbable eran interpretados como arrogancia y desdén aristocráticos, lejanos a una conducta democrática.

El estudio de Pericles ilustra muy bien los equilibrios en lenguaje y temperamento que se requieren para buscar el apoyo popular en un contexto democrático: hay que ser mesurado, pero no arrogante; hay que demostrar autoridad, pero no tiranía; hay que ser pedagógico, mas no condescendiente.

Además de sus virtudes de oratoria, Pericles dominaba “el arte de permanecer en silencio, o para ser más precisos, dejar que sus aliados políticos hablaran por él” cuando era necesario, según cuenta Azoulay.

Al recibir ataques, el stratēgos no respondía con otro ataque, en reciprocidad negativa, sino con amabilidad y procurando la dignidad mutua, una fórmula muy difícil de lograr en un ambiente de polarización política. Según Azoulay, Pericles representaba el arte de la persuasión al más alto nivel. Era un encantador del demos.

Para saber qué esperan los mexicanos en 2018, incluimos unas preguntas en la más reciente encuesta nacional de EL FINANCIERO que abordan las formas y contenidos discursivos de los candidatos. ¿Se entiende lo que dicen? ¿Gusta la forma en que hablan? ¿Se les cree? ¿Inspiran?

Según el estudio, 39 por ciento de los entrevistados dijo que sí entiende (mucho o algo) lo que dicen los candidatos, mientras que 59 por ciento les entiende poco o no les entiende nada. Como es de esperarse, hay una brecha por escolaridad: sólo 33 por ciento de los mexicanos con estudios básicos dice entender lo que dicen los candidatos, comparado con 57 por ciento entre los que tienen estudios universitarios.

Aunque los critiquen en redes, es evidente que el lenguaje de los candidatos debe ser accesible a la mayor parte del demos. Un lenguaje sencillo conecta más.

Según la encuesta, 26 por ciento le gusta la forma como hablan los candidatos, pero a 73 por ciento no. El discurso político se entiende poco, pero gusta menos.

Lo más notable es que a los candidatos no les creen. De acuerdo con la encuesta, solamente 15 por ciento les cree, mientras que 84 por ciento no les cree. El mayor problema de la comunicación política actual no es tanto la falta de comprensión o la falta de gusto, como la falta de credibilidad. Sin ella, difícilmente veremos encantadores del demos.

Finalmente, 42 por ciento opina que los candidatos sí pueden inspirar a la gente con buenos discursos, mientras que 50 por ciento manifestó que eso no es posible. Según este dato, los candidatos y sus equipos tienen una enorme oportunidad para poder inspirar al demos. Veremos con qué maestría manejan el arte de la persuasión.

1 Vincent Azoulay, Pericles of Athens, Princeton: Princeton University Press, 2014.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.