Romper el molde
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Romper el molde

02/05/2018

El sábado en la noche, por segunda ocasión, Donald Trump no asistió a la tradicional cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. Reiteró así el desprecio que siente por la prensa, a la que acusa de mentirosa y poco profesional. En lugar de ello, participó en un mitin en Sterling Heights, un suburbio de Detroit en el que viven obreros de las fábricas de autopartes cercanas.

Su discurso no fue distinto de otros que ha dado en su adelantada campaña por la reelección y en los que invariablemente resalta la pronta realización de lo que ofreció como candidato. En el abarrotado recinto grandes letreros sintetizan esa idea-fuerza: “Promises kept” (Promesas cumplidas) y “Keeping America great” (Conservar grande a América), lo que sugiere que lo propuesto en el lema “Make America great again” (Hacer grande a América otra vez) ya se alcanzó, cuando no ha transcurrido ni un tercio del período de gobierno.

Si revisamos lo sucedido en estos quince meses, ciertamente ha honrado muchos de sus compromisos electorales y hasta se puede admitir que en eso ha tenido mayor éxito que muchos de quienes lo precedieron. Lo que no se podría afirmar con seguridad es que esas acciones hayan engrandecido a su país.

Lo más notorio, el recorte de impuestos, se ha presentado como una medida con beneficio inmediato y significativo para los contribuyentes y las empresas. Se difunden testimonios de ciudadanos, que gracias a ello, ahora pueden disponer de dinero para cubrir necesidades urgentes o para emprender proyectos aplazados. Se sabe también de algunas compañías que han destinado parte de lo que no se fue al fisco para otorgar bonos a sus empleados. Los índices bursátiles se mantienen altos y se anuncian nuevas inversiones, pero no es el cambio espectacular que se quiere vender.

Estados Unidos se apartó del Acuerdo de París sobre el cambio climático y dejó de aplicar diversas regulaciones ambientales. Eso representa un alivio temporal para las industrias carbonífera y siderúrgica y para sus trabajadores. Pero sólo saldrán adelante si se modernizan para volverse competitivas.

El libre comercio ya no está incluido entre los objetivos de seguridad nacional. Se abandonó la negociación del Acuerdo Transpacífico (TPP); se dejó en suspenso la del Acuerdo Transatlántico (TTIP) y se forzó una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Difícilmente eso va a reducir el déficit comercial o a recuperar empleos. Lo que sí es seguro es que los sectores sobreprotegidos (agrícola, automotriz, de electrónica) van a perder mercados y los consumidores comprarán más caro.

Trump no dejó de recalcar que el presupuesto militar ha aumentado, pero el incremento se da después de varios lustros de estancamiento, por lo que los nuevos barcos y aviones no alcanzan a sustituir a los que salieron de servicio.

La relación con los aliados europeos se ha deteriorado a tal grado que el presidente no ha podido hacer una visita de estado al Reino Unido y apenas en estos días, ha habido algunos acuerdos con Ángela Merkel y Emmanuel Macron. Con Rusia está en curso una guerra política que incluye cierre de consulados y expulsión de diplomáticos. Con China es una contienda comercial, con imposición de tarifas y amenaza de retirar inversiones.

Mostrar músculo

El signo de esta administración ha sido hacer exhibiciones de fuerza. Ha querido diferenciarse ostentando una gran determinación. Sin observar el tradicional respeto que allá se les guarda, continuamente tilda a sus antecesores de torpes, pusilánimes y blandengues. Según él, a los demócratas Carter, Clinton y Obama o los republicanos Bush y Bush Jr., les faltó voluntad para defender los intereses de su nación; piensa que no hicieron nada bien, por lo que no los consulta ni les tiene consideración.

Los cinco mencionados fueron gobernadores o legisladores y cuando arribaron a Washington se apoyaron en servidores públicos experimentados. Trump, un completo amateur, llegó a la Casa Blanca a patear al establishment; contradice con necedades a los expertos y cuestiona los consensos bipartidistas de muchos años, tanto en asuntos domésticos como internacionales.

El hombre lo que quiere es mostrarse diferente, único, especial. Para ello, siente la necesidad de despreciar a los demás. Los calificativos que más usa en sus tweets son “sobrevalorado” y “perdedor”. No hay duda de que pasará a la historia como alguien que rompió moldes... inútilmente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.