'Help wanted'
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23/05/2018
Actualización 23/05/2018 - 4:50

Estados Unidos tiene un problema de empleo, pero es un problema de los que es bueno tener. En su informe del pasado 4 de mayo el Departamento de Trabajo reportó para abril una tasa de desempleo del 3.9%, la menor en 17 años. Como punto de comparación, en el verano de 2011 andaba por el 9%. Lo que el dato indica es que los que andan a la caza de un espacio lo están encontrando. En el mismo mes se abrieron 6.5 millones de nuevas oportunidades. Lo que ambas cifras combinadas significan es que casi hay un lugar disponible para cada buscador activo de empleo. En términos absolutos, los desempleados de largo plazo (27 semanas o más tratando de conseguir una chamba) ya sólo son 1.3 millones y los que están a tiempo parcial involuntario (que quisieran tiempo completo) han caído a cinco millones.

Desde la perspectiva del empleado la situación es positiva. Tiene menos dificultades para colocarse y mejores opciones para elegir. Visto desde el lado de las empresas, el inconveniente es que tardan demasiado en llenar sus puestos y tienen que hacer mayor inversión en reclutamiento. Ello los obliga a reducir sus barreras de entrada. Por ejemplo, ya no se ponen tan exigentes con los requisitos para los candidatos: experiencia en el ramo; recomendación de patrones anteriores; certificados de no antecedentes penales, de salud o de no adicciones; límites mínimo o máximo de edad; habilidad numérica o dominio del idioma inglés. También han dejado de despedir a los que cometen errores leves o son faltistas.

Para mayor complicación, en ese país hay una creciente escasez de operarios con las calificaciones necesarias. Las escuelas vocacionales (community colleges) hace mucho que no dan una educación pertinente. Se quedaron atoradas en la economía de los sesentas y no han podido emparejarse con los avances tecnológicos y los cambios organizativos. Como sus diplomas han perdido valor cada vez atraen a menos estudiantes y no pocas han cerrado.

Los contratos a prueba y la capacitación también han disminuido consistentemente. Resulta poco redituable adiestrar en tareas específicas a personal que llega sin siquiera el manejo de habilidades generales. Además, la velocidad a la que las empresas se tienen que adaptar a la innovación y a las exigentes condiciones de la competencia, ha propiciado la desaparición del modelo de laborar toda la vida en la misma compañía. Estas sabían que era redituable preparar a sus operarios y ellos le guardaban lealtad a la firma que ampliaba su potencial. Ahora se prefiere pagar por horas, para poder acortar sin mucho costo la plantilla, y ya nadie se siente mal si dejan botado un proyecto para irse a donde le ofrezcan algo superior.

Ver al futuro

Sin embargo, la excesiva rotación del personal y las quejas de los clientes han llevado a algunas corporaciones a intentar algo diferente. Por ejemplo, Walmart (que tiene 1.2 millones de “asociados”) estableció hace un par de años un programa de entrenamiento formal y más posibilidades de promoción para sus gerentes de departamento y supervisores. Otras están ofreciendo mejores condiciones o prestaciones atractivas, como más días de vacaciones o un lugar de estacionamiento gratuito.

Finalmente, se están dando cuenta de que para hacer sus vacantes deseables la lógica de la oferta y la demanda exige compensaciones decentes. Pero aún eso no va a ser suficiente. Las tendencias demográficas no los ayudan: su población se reproduce con lentitud. Si quieren un crecimiento económico sostenido tienen que ver la forma de tener una migración ordenada. Los japoneses no lo han entendido y no salen del estancamiento. Los europeos están intentándolo.

Los inmigrantes adultos no autorizados que hay en Estados Unidos, en su gran mayoría, están ocupados y pagan impuestos; hacen labores manuales rutinarias que desplazan a los nativos, pero estos, por sus ventajas comparativas, se mueven hacía arriba. Lo único que los hace conflictivos es la falta de un reconocimiento legal.

Es increíble que luego de un cuarto de siglo de ser socios comerciales, Estados Unidos y México no hayan podido concretar un acuerdo laboral que los beneficie mutuamente. Del presidente Donald Trump no se puede esperar nada, pero nuestro gobierno podría incidir con éxito en diferentes regiones y sectores. Lo grave es que en el debate entre candidatos presidenciales del domingo, ninguno planteó con claridad algo tan elemental.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.