¿Puedo ser mi peor asesor?
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¿Puedo ser mi peor asesor?

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¿Puedo ser mi peor asesor?

21/06/2013

 
Las decisiones están plagadas irremediablemente de emocionalidad y se corre el riesgo de autoboicotearse para convertirse en el peor asesor financiero de sus propios recursos.
 
Hay objetivos básicos, como comprar barato y vender caro; escoger la mayor tasa de rendimiento posible o maximizar las utilidades de un negocio; sin embargo, en la realidad es complicado elegir en un ámbito confuso. Exploremos algunas trampas que uno mismo hace a la hora de resolver.
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1. Evitar la pérdida: es difícil reconocer una elección equivocada y frecuentemente se mantiene a costa del patrimonio, pensando que va a cambiar. Es preferible en muchas ocasiones minimizar el fracaso de la decisión y buscar nuevas opciones.
 
2. Trampa de la confirmación: las personas a menudo se apoyan con otros que han cometido, y siguen cometiendo, el mismo error. Deben asegurarse de tener asesoramiento de fuentes frescas, en lugar de llamar a quien le dio el mal consejo.
 
3. Autoengaño de los estrategas: al emprender un negocio, los socios coinciden en que todo va de maravilla y se justifican mutuamente para reafirmar que todo saldrá bien, a pesar de que la información 
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apunta a lo contrario.
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4. Ceguera: tan sencillo como evitar el análisis y preferir ser ignorantes sobre la evolución de una inversión, por miedo a saber que va mal. Según los expertos, al iniciar el proceso de planificación, el ser humano se asoma hacia las posibilidades del futuro y genera ansiedad.
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5. Indecisión: el origen es la falta de confianza y se tiende a consultar una infinidad de opiniones contrarias, que provocan “pánico” para emprender la acción, hasta que la oportunidad pasa de largo.
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6. Exceso de confianza: es un sentimiento de superioridad y se desdeñan los consejos por creer que se domina el tema financiero. Piensan en obtener grandes ganancias, aunque terminan escuchando la consabida frase de “te lo dije”.
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7. Euforia: cuando el mercado bursátil va al alza, tienden a subir los precios de los título buenos y malos. El inversionista se siente invencible porque lleva un periodo en donde todo lo que compra tiene rentabilidad. Aquí priva la avaricia y se pierde de vista el riesgo. En lugar de tomar utilidades decide quedarse hasta que el mercado se desploma.
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8. Postergar el esfuerzo: el ahorro se dificulta, pues resulta un tremendo sacrificio dejar de consumir ahora para hacerlo más tarde. Las compras son muy atractivas porque hay una gratificación inmediata y pocos poseen la voluntad para hacer un sacrificio.
 
9. Los machos: se ha probado que quienes tienen un mayor nivel de testosterona toman mayores riesgos por considerarse “valientes”, y si bien pueden generar una rentabilidad alta, también las pérdidas llegan a ser cuantiosas.
 
10. Buscar la justicia: experimentos han demostrado que las personas están dispuestas a perder, si califican el trato como “injusto”. Por ejemplo, son capaces de renunciar a un trabajo porque le rechazaron el aumento, aun cuando saben que será difícil conseguir otra ocupación con los mismos ingresos.
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11. La ambición: es un factor que nubla la mente y teniendo la oportunidad de salir de una inversión con ganancias razonables, se mantienen en forma excesiva por querer obtener una rentabilidad superior y terminan perdiendo al final del camino.
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12. Merecimiento: cuando se decide gastar en cosas superfluas o de lujo, viene con frecuencia la sensación de merecimiento, porque se trabaja mucho, a pesar de que luego vengan los arrepentimientos.
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13. Anclaje: en ocasiones se tienen puntos de referencia numéricos que no necesariamente son válidos para casos particulares. Por ejemplo, ahorrar 10% del sueldo; endeudarse hasta 30%de los ingresos; invertir en bolsa 50%del patrimonio; etc.
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14. Conclusiones ligeras: es fácil caer en una lógica equivocada, como pensar que es momento de comprar ante el desplome del precio de una acción o cuando una empresa anuncia una inversión cuantiosa, estimar que el mercado lo tomará en forma positiva. Es común que la secuencia “lógica” falle.
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Si nos sirve de consuelo, hasta los expertos caen en este tipo de trampas y lo importante es estar al tanto de ellas para prevenir que nos metan en severos problemas financieros.
 
 
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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.