¿Crisis de deudores en la era AMLO?
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¿Crisis de deudores en la era AMLO?

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¿Crisis de deudores en la era AMLO?

17/07/2018
Actualización 17/07/2018 - 10:21

Con el próximo cambio de gobierno el primero de diciembre hay quienes recuerdan otras experiencias y ante una administración con propuestas disruptivas, temen un entorno que dañe su patrimonio.

La preocupación tiene un punto de referencia: en 1995 se registró una crisis de deudores y muchos perdieron sus casas y autos, como producto de un alza intempestiva en las tasas de interés.

Aún cuando tenían intención de liquidar se volvieron tan altos los pagos que era imposible enfrentarlos y preferían entregar sus propiedades.

La problemática condujo al quebranto de la banca y el gobierno tuvo que salvarla para evitar perjudicar a los ahorradores. Sin embargo, debemos poner en perspectiva la experiencia histórica, pues a pesar de que en estos momentos las tasas tienden a subir, el nivel es moderado si lo comparamos con aquella época.

Para darnos una idea, los Cetes a 28 días, que son la referencia para calcular el costo del préstamo, están hoy en 7.72 por ciento, cuando llegaron a su punto más bajo en enero de 2015 en 2.72 por ciento.

En tanto, en la crisis de la deuda el aumento fue bestial, pasando de 8.81 por ciento en febrero de 1994 hasta 82.65 por ciento en marzo de 1995.

Con esos niveles, los créditos eran impagables, sobre todo porque la mayor parte de los compromisos se habían hecho a tasa variable.

La razón del rápido desbalance se debió a que la economía estaba pendida de alfileres, en un año en el que inició una guerrilla en Chiapas; mataron al candidato del partido oficial y después a su secretario general; el gobierno entrante cometió un serio descuido al anunciar una devaluación, que fue llamado 'el error de diciembre'; y las reservas internacionales se encontraban comprometidas con los llamados Tesobonos, instrumentos financieros denominados en dólares.

El contexto ahora es diferente. Con la autonomía del Banco de México el alza en las tasas se da de manera expedita, y ello facilita que no alcancen niveles tan sorprendentes como en 1995.

La inflación, aunque por arriba de la meta, es de un dígito y manejable, mientras el tipo de cambio fluctúa en el libre mercado, permitiendo ajustes permanentes, pero menos elevados y la intervención de las autoridades es eficiente a través de subastas que despresurizan.

Además, los créditos hipotecarios se han contratado la mayoría a tasa fija, una de las características que vale la pena abundar en la próxima entrega.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.