Opinión

Alarmante avance del antisemitismo

Las diatribas antisemitas de grupos de ultraderecha, de fundamentalistas islámicos y de la extrema izquierda se están incrementando sensiblemente en el mundo, así como la violencia contra las personas y el patrimonio judíos, particularmente en Europa; en este ámbito, destaca la nueva judeofobia de la extrema izquierda de ese continente “que llevada por la denuncia del drama palestino crea mitos conspiratorios”, que son francamente risibles, como la fobia contra el gobierno de Israel al que se califica de opresor de los palestinos. Nadie recuerda la represión de los palestinos que se registró entre 1948 y 1967 cuando Egipto fue una fuerza de ocupación en Gaza y tampoco de Septiembre Negro cuando Jordania mató más palestinos que Israel en un siglo. ¿Por qué no se condena permanentemente a Rusia e Irán por suministrar armas y ayuda financiera al régimen genocida de Bashar al-Assad en Siria o a China por anexarse al Tíbet?

No se escuchan las protestas de la izquierda extremista contra la anexión de Crimea por parte de Rusia, o por la represión que ejerce a las poblaciones de Georgia o Chechenia, entre otras. También hay silencio en el caso de los gobiernos de Irak y Turquía que hostigan a los kurdos. La lista de gobiernos tiránicos y grupos radicales violentos es extensa, empero, la crítica en los foros internacionales y en la vida cotidiana de la ciudadanía de muchos países se centra en los judíos y en el Estado de Israel.

En este marco de antisemitismo, la Agencia Europea de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (UE) publicó un informe sobre el antisemitismo en noviembre de 2013 basado en una encuesta “entre miles de ciudadanos judíos” que viven en varios Estados de la UE, en donde dos tercios del total piensa que el antisemitismo sigue siendo un problema vigente en Europa; igualmente, tres cuartas partes señala que este fenómeno se ha incrementado y una cuarta parte ha confrontado uno o varios incidentes judeofobos relacionados con insultos, acoso o agresiones.

Para nadie es un secreto las frecuentes pintas contra los judíos que aparecen en muros de ciudades de Europa, así como el aumento de la bandalización de propiedades de judíos. En Europa se ha dado la voz de alarma ante el odio contra los judíos que se difunde por medio de internet que está resultando un instrumento de difusión rápido y masivo.

En este entorno racista y de fanatismo islámico, resulta increíble que en la Europa del siglo XXI los ciudadanos judíos tengan que ocultar su identidad para no ser agredidos y que las sinagogas e instituciones judías deban ser protegidas con el mismo propósito. Las autoridades de diferentes naciones europeas y la mayoría de sus habitantes muestran una inaudita pasividad frente a la ola de violencia antisemita y el negacionismo del Holocausto.

Una situación de gran zozobra viven los judíos en Noruega donde por la hostilidad que han sufrido han emigrado un número importante de miembros de esa comunidad; sólo quedan 819 judíos que posiblemente salgan de ese país en breve; adicionalmente hay más de mil judíos que no están afiliados a ninguna sinagoga o institución comunitaria en virtud de que tienen miedo de que se les reconozca como judíos.

En Francia no pasa un día sin que se registren ataques a los judíos. El gobierno socialista de esa nación bajo el liderazgo del presidente Holland no ha hecho nada para proteger a los judíos, al contrario, protege a los musulmanes, quienes han traído el antisemitismo de sus países de origen, porque son parte importante del electorado de los socialistas. Preocupa que la extrema derecha francesa, a través del Partido Frente Nacional, haya ganado once municipios en las pasadas elecciones del 30 de marzo. En Italia temen por su vida por ello han buscado la protección de una unidad de seguridad.

En Gran Bretaña existían 340 mil judíos en 1990, en el presente hay alrededor de 240 mil; los musulmanes han convertido la vida judía en un infierno; aunque los ingleses siempre han mostrado un perfil antisemita. Cabe mencionar que el gobierno inglés publicó un White Paper en 1939 para prevenir que judíos europeos, buscando un refugio de la persecución nazi, se establecieran en el Mandato Británico de Palestina; los ingleses negaron la entrada de varios barcos repletos de judíos a Israel y los enviaron de regreso a Europa a los hornos crematorios.

En Holanda expolíticos han aconsejado a los judíos abandonar el país pronto; políticos del círculo de los social demócratas marcharon junto a los musulmanes haciendo un llamado para la construcción de cámaras de gas “para quemar judíos”. En Holanda hay más de 20 mil judíos que se encuentran bajo el estigma del miedo propagado por los neonazis, ahora amenazados por la comunidad musulmana cuyos integrantes son generalmente violentos y odian a los judíos.

En España el entorno tampoco es favorable para los judíos; tras cinco siglos de una ausencia masiva de judíos, en el presente existe una discreta comunidad estimada entre 25 mil y 50 mil judíos quienes tradicionalmente han sido hostilizados. Se ha detectado que dos tercios de los españoles consideran “que los judíos tienen mucho poder porque controlan la economía y los medios de comunicación”, versión actualizada de los Protocolos de los Sabios de Sion. Sin recato, la iglesia católica en España continúa atizando a sus fieles contra los judíos.

Después de cuatro milenios de avatares, los judíos se merecen un poco de tranquilidad.