Opinión

Al tercer día

  
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CNTE maestros

Hoy, cuando usted lea estas líneas, habrá un porcentaje importante de maestros en Oaxaca y Chiapas que habrán cumplido su tercer día sin dar clase. Si repiten lo hecho lunes y martes, la mitad de los maestros caerá en una de las hipótesis que permiten rescindir su contrato. Aun sin considerar los desmanes que han perpetrado, alcanza para separarlos del sistema educativo, y sustituirlos con otros maestros que sí estén interesados en dar clases.

Imagino que habrá quien defienda a los faltistas, e incluso a quienes ilegalmente bloquean vías de comunicación o destruyen instalaciones. Unos por afinidad político-electoral, otros por despistados, pero nadie podrá hacerlo racionalmente. No existe manera de defender el daño que estas personas ocasionan a los niños en Oaxaca y Chiapas, que ya hace unas semanas estimamos en casi tres años de diferencia con respecto a quienes nacieron y estudian en Querétaro, Aguascalientes, Jalisco o Nuevo León. No hay forma de argumentar, racionalmente quiero decir, que se bloqueen todas las conexiones de Oaxaca con el resto del país. Electoralmente, políticamente, claro que se puede.

Si efectivamente hoy hubo un 50% de escuelas cerradas en
Oaxaca y Chiapas, el gobierno tiene la obligación de remover a los maestros y sustituirlos. Y tiene la obligación de liberar las vías de comunicación y garantizar la seguridad de las escuelas. Esa obligación está presente en el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Ése es su trabajo. Negociar, aguantar, permitir, puede ser una buena idea política, pero no es su obligación.

Por alguna razón extraña, hay quien cree que el derecho de manifestantes a cerrar vías de comunicación es superior al del resto de los mexicanos a trasladarse, e incluso al de los niños a recibir educación. No creo que haya forma de defender esta idea, salvo, insisto, en una lógica política orientada a impulsar alguna candidatura antisistémica, o peor, el derrumbe del Estado.

Tal vez sea más sorprendente que esto sea respaldado por amplios sectores “intelectuales” que en su compromiso político olvidan que sólo un Estado fuerte puede hacer cumplir las leyes y, al final, garantizar los derechos humanos: a la vida, a la educación, y sí, también a la movilidad y al trabajo. Quisiera retomar lo que comentaba hace unos días usando el caso de Nicaragua como excusa: todas las revoluciones sociales del siglo XX resultaron en una tragedia económica y humana. Todas ellas usaron como excusa la lucha por los más desfavorecidos, y lo único que lograron fue multiplicarlos.

No se puede, al mismo tiempo, defender a la CNTE y pretender que se quiere mejorar la situación de las entidades más pobres del país. Hacer compatibles esas dos ideas requiere el salto ideológico en el que lo que es bueno para los proletarios es bueno para la sociedad. Eso nunca fue cierto, y hoy menos que nunca. Si, como se dice tanto, la educación es el mejor camino para el desarrollo y para la movilidad social, entonces la CNTE es causa del rezago y la desigualdad. Si, según ellos, la CNTE lucha por algo mejor, eso sólo puede ser mejor para unos cuantos. Precisamente ellos mismos, creo. Dictadura del proletariado, le decían antes, y eso será, si se les permite.

Si quieren mejores formas de evaluar, mejores condiciones para la educación, sobran formas de obtenerlo. Pero no es eso lo que quieren. Son plazas, dinero, poder político, y si se puede, la destrucción del estado burgués opresor. Bueno, si alguien quiere creerles, a pesar de la evidencia del siglo XX, puede hacerlo, pero debe entender que se trata de fe, y nada más que eso. Y sostener la educación en la fe, creo, no era su punto de partida.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey




Twitter: @macariomx

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