Opinión

Al secretario de Hacienda, Luis Videgaray


 
 
Nunca antes 4 personajes clave de la conducción del gobierno federal en materia económica habían alineado sus discursos y acciones hacia las Mipymes y emprendedores, comenzando por el presidente de México, Enrique Peña, seguido, destacadamente, por el secretario de Hacienda, Luis Videgaray; por el titular de Economía, Ildefonso Guajardo y obvio, por el titular del Inadem, Enrique Jacob Rocha.
 
Nunca se había escuchado a un secretario de Hacienda hablar con tanta claridad y convicción, tampoco con tanta insistencia, en torno al asunto emprendedor y las micro y pequeñas empresas. Ha destacado de manera clara y subrayada la importancia económica de estas empresas y de los emprendedores.
 
Por ello, nunca como ahora pudiera ser prudente recomendar al titular de Hacienda y Crédito Público acciones que profundicen la eficiencia de la política pública hacia las Pymes y emprendedores.
 
Porque hasta hoy y luego de 13 años de ejercicio público, la política hacia las Mipymes y emprendedores evidencia algunas áreas de oportunidad que se antojan sencillas de aprovechar dada la voluntad política que se ha manifestado ante el asunto.
 
 
Señor secretario: El gobierno federal invierte en la gestación de Mipymes. No solo presta atención al proceso, sino también coloca dinero sobre la mesa para que se hagan nacer empresas con menor posibilidad de fracasar antes de 2 años.
 
En esto estaban involucradas alrededor de 500 incubadoras de empresas encargadas de hacer nacer negocios.
 
Se quiere ahora que un complejo incubador más afinado, no de 500 incubadoras sino de aproximadamente 200 reconocidas, que haga nacer, preferentemente, empresas de alto impacto, empresas que surjan con componentes de innovación que permitan avanzar en su proceso de sobrevivencia más allá del fatal periodo de 2 años que marcan como margen de sobrevivencia para 80% de los negocios que nacen.
 
Empresas que multipliquen riqueza y generen empleos de mejor nivel de remuneración por el componente innovador que tienen implícito.
 
Ahora se busca, preferentemente, empresas con mayor posibilidad de éxito de un Sistema Nacional de Incubación de Empresas que tenga 150 incubadoras de orientación básica y 50 que sean especializadas en el 'alto impacto' con esos componentes tecnológicos o de innovación destacados que mencionamos antes.
 
El recurso que coloca sobre la mesa, para ayudar a que las empresas que sueñan los emprendedores, es variable y ciertamente no es poco.
 
Para empresas tradicionales suponga usted un recurso fiscal de entre 60 y 80,000 pesos, para un negocio de tecnología intermedia entre 80 y 180,000 pesos y de ahí para el real y hasta completar varios millones de pesos, según sea el 'tamaño del sapo', para proyectos empresariales de alta tecnología, que también exigen más tiempo de preparación para su nacimiento. Son las estrellas del firmamento.
 
Pero luego de que nacen todos estos negocios, señor secretario la política pública, ya no en la tutela de la Secretaría de Economía, se olvida de ellos evocando una figura que parece grosera o absurda, pero que retrata con claridad la situación que se presenta; el gobierno invierte en el nacimiento de empresas pero no solo no continúa con el apoyo, sino permite que otras instancias del aparato gubernamental jueguen las veces de francotiradores de las empresas que otra parte del complejo administrativo público ha ayudado a parir.
 
 
Es como tener en brazos a un recién nacido e instalarlo en concurrido cruce de vehículos instándole a que se gane la vida vendiendo algo o limpiando parabrisas.
 
 
La empresa egresa y al día siguiente pesa sobre ella una política fiscal y de 'carga social' tan fuerte como la que se aplica sobre Televisa, sobre Bimbo, sobre Cemex o sobre la empresa que usted se le llegue a ocurrir, con la diferencia de que éstas grandes cuentan con versados fiscalistas y afamados despachos multinacionales que saben aprovechar los rincones ocultos y legales de la política fiscal y social para jugarlos a favor de los intereses de la elusión o evasión fiscales.
 
Algo que no puede hacer una empresa que no nace ni con un contador ni con un abogado en sus entrañas.
 
Una empresa de reciente creación por lo general no resiste una contingencia que signifique un choque importante del auto de uno de los autoempleados en esa novel empresa, no resiste la primera operación quirúrgica de alguno de los socios o bien, un robo o un incendio del local de la empresa.
 
A la primera contingencia la joven empresa entra en posición de posible 'jaque mate'.
 
 
Por ello parece necesario, en esta alineación de voluntades gubernamentales, que como nunca hoy parecen existir, señor secretario de Hacienda, se valorara que en aquellas empresas de 'alto impacto' que tienen implícitos recursos públicos fiscales invertidos se ejerza una política fiscal y social de acompañamiento temporal que disminuya el riesgo de muerte de esa empresa al menos en sus primeros cinco años de vida.
 
Una política de post-parto ”que conceda ciertas concesiones fiscales, progresivamente retiradas, para que esa empresa sea la empresa exitosa por la que la política pública apostó en meses o años previos a su nacimiento.
 
Un seguro multifactorial de 'una sola ocasión', para el primer evento catastrófico, y políticas públicas de acompañamiento son, secretario de Hacienda, ideas que no parecen desubicadas para colocarse en la reforma fiscal que ahora preparan sus colaboradores en su despacho.
 
La lógica que apuntalan difíciles, muy complejos momentos macro económicos parece señalar como imposible esta idea. Hoy es aconsejable recaudar todo lo que se pueda recaudar y no conceder prebendas a empresas nuevas surgidas de la política pública.
 
No obstante, resulta necesario al menos hacer el planteamiento que procura extender algunos escalones más lo que ya se ha hecho en el proceso de hacer nacer negocios nuevos.
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