Opinión

Al Partido Republicano no le interesan las obras

 
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Krugman.

Ben Bernanke escribió recientemente una publicación de blog para el Instituto Brookings sobre política fiscal en la era de Trump. No es de las lecturas más entretenidas; quizás porque el momento está políticamente cargado, Bernanke, expresidente de la Reserva Federal, ha vuelto un poco al 'lenguaje de la Fed'. Pero contiene algunas ideas sólidas (lea la publicación aquí: brook.gs/2iMpvDj), muchas de ellas en línea con lo que he estado diciendo.

Notablemente, Bernanke, como su seguro servidor, sostiene que el argumento de estímulo fiscal a favor del gasto deficitario se ha debilitado mucho más, pero que sigue habiendo un argumento a favor de endeudarse para construir infraestructura. “Cuando presidí la Fed, me opuse varias veces a la austeridad fiscal (incrementos de impuestos, recortes al gasto)”, escribe. “En ese entonces, la economía sufría de un alto desempleo, y con una política monetaria que operaba cerca de sus límites, pugné (sin éxito) por políticas fiscales para incrementar la demanda agregada y la creación de empleos. Actualmente, con la economía acercándose al empleo pleno, la necesidad de estímulo de la demanda, aunque tal vez no haya desaparecido por completo, seguramente es mucho menor que hace tres o cuatro años.

Actualmente sigue habiendo un argumento a favor de una acción de política fiscal, pero para incrementar la producción sin aumentar la inflación en demasía, el énfasis debería estar en mejorar la productividad y la oferta agregada; por ejemplo, vía mejor infraestructura pública que haga más eficiente nuestra economía o de reformas fiscales que promuevan la inversión de capital privado”.

Pero Bernanke amablemente expresa dudas de que este tipo de cosa de hecho vaya a pasar: “En particular, ¿los republicanos estarán dispuestos a apoyar aumentos importantes en el gasto, incluyendo gasto en infraestructura?

Alternativamente, si el Congreso opta por reducir el impacto en el déficit de un programa de infraestructura financiándolo con créditos fiscales y asociaciones público-privadas, como lo propuso el candidato Trump, el programa podría resultar ser relativamente pequeño”.

Permítanme ser menos amable: no habrá ningún programa de inversión pública importante, por dos razones.

Primera, a los congresistas republicanos no les interesa dicho programa. Están plenamente empeñados en privar a millones de personas de su servicio médico y en recortar los impuestos en el nivel superior; ni siquiera están hablando de inversión pública, y probablemente retrasarían todo incluso si Donald Trump presentara un plan detallado y lo volviera prioridad.

Pero esto genera una pregunta obvia: ¿Quién cree realmente que Trump y su equipo van a proponer un plan serio? Trump no tiene ninguna organización estratégica, y tampoco muestra ninguna intención de crear una. Está muy ocupado tuiteando sobre insultos percibidos de parte de celebridades, y está creando un gabinete de gente que no sabe nada de sus responsabilidades. Cualquier acción de política sustancial será concebida y convertida en legislación por los republicanos en el Congreso que, otra vez, tienen cero interés en un programa de inversión pública.

Así que los inversionistas que están apostando a un gran impulso de la infraestructura casi seguramente se están engañando. Tal vez veamos algunas privatizaciones conspicuas, especialmente si vienen con oportunidades de darles un nuevo nombre: ¿quizá poner lámparas nuevas permita que el presidente rebautice la Presa Hoover como Presa Trump? Pero viene poca inversión.

Twitter: @paulkrugman

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