Opinión

"Al filo del mañana"

Al filo del mañana o repite que algo queda. En el octavo filme del inventivo siempre bromista Doug Liman, Al filo del mañana (2014), el descarado antisoldado publicista Cage (Tom Cruise), queda integrado a una unidad de combate en medio del escarnio de sus propios compañeros de tropa y de haber sido degradado primero por el rígido general Brigham (Brendan Gleeson) y después por su superior inmediato el Sargento Mayor Farell (Bill Paxton). Previo a la que sin duda es su muerte segura en un desesperado desembarco para enfrentar a una raza extraterrestre que está por acabar con la humanidad, conoce in extremis a la heroína de una batalla previa, la bella pero distantemente gélida Rita (Emily Blunt).

Embarcado a su aventura sin retorno, resulta que una vez muerto puede repetir el día una y otra vez desde un mismo punto, consecuencia de su contacto directo con sangre alienígena. Desde este momento la historia recomienza con las múltiples variables previamente presentadas en el filme Hechizo en el tiempo (1993, Harold Ramis), donde el protagonista aprendía algo nuevo en cada loop temporal hasta convertirse en el digno galán de la dama en cuestión. Pero ahora el infortunado Cage debe repetir su muerte innumerables veces, mostrando que en cada resurrección algo queda para hacer avanzar la trama no en sentido lineal sino horizontal; mostrando, pues, que el cine contemporáneo popular apuesta por expandir el tiempo, como si fuera una liga, hasta lo inverosímil. A lo largo de innumerables variaciones sobre el mismo tema; cada una más jocosa que la previa; siempre en un elíptico vértigo de acciones que sin descanso confunden la comedia con la ciencia ficción, lo ligero con lo hiperviolento, y la acumulación de una misma situación como ejemplar dilatación del tiempo para luego ir más allá y más allá hasta encontrar la solución definitiva del filme.

Al filo del mañana o la ciencia ficción militarista del siglo XXI. El filme de Liman trastoca la hiperviolencia militarista en una suerte de reinvención del tiempo y sus consecuencias, ya sin la ideología de lo militar como obligatoria, sino como posibilidad de escape permanente, lo que va contra el concepto hiperfascista inspirado en la novelística de Robert A. Heinlein para Invasión (1997, Paul Verhoeven). Acaso la concepción del tiempo y de lo militar tengan mucho que ver con la novela original de Hiroshi Sakurazaka All You Need Is Kill (2004), pero en igual grado sin duda con el guión lleno de guiños de ojo hacia el estilo del anime japonés que escribiera el recreador de géneros cinematográficos Christopher McQuarrie, autor del guión para ese juguete de cínico argumento al estilo Agatha Christie Sospechosos comunes (1995, Bryan Singer) y director del risueño policial posmoderno A sangre fría (2000). McQuarrie junto con los también guionistas posmodernos-neoclasicistas Jez Butterworth y John-Henry Butterworth consiguen un medio tono, entre la comedia con efecto y la violenta ciencia ficción contemporánea. Logran con ello un filme que se reinventa y revienta en cada “resurrección”.

Es así que la tendencia dominante del cine pop, exigente cuando se trata de reciclarlo todo, cuenta en este filme con su joya máxima al incluir en un sólo instante todas las variables de la historia volviendo casi imposible una secuela. Eso sí, replantea la ciencia ficción militarista ya no como opción para el exterminio sino como recurso para repetir toda la historia hasta la muerte. Consigue con ello una cinta de Möbius que cada que se recorre, en apariencia, llega a un mismo punto. Pero, como todo en el film es eso, apariencia, y para el cine es algo muy preciado (en especial cuando la fotografía es traslúcida, a cargo del virtuoso Dion Beebe, y el montaje es preciso en su ausencia de pausas o en la eficacia de sus planos casi fragmentados por la inspiración del editor James Herbert), Al filo del mañana resulta precisamente eso: un filme siempre al filo de lo sólido del tiempo y de su transcurrir, como de lo evanescente de sus acciones, tal cual lo exige el canon de la ciencia ficción del presente siglo. El tiempo lo es todo. Y nada.