Opinión

Al centro del escenario, otro inspector sueco


 
Como en el Irak de hace una década, donde Hans Blix se negó a avalar las mentiras de George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar sobre el “armamento de exterminio masivo” en poder en Sadam Husein para justificar la invasión aliada, hoy otro sueco, Ake Sellstrom, jefe de inspectores de armas químicas en Siria de Naciones Unidas, se encuentra en el ojo de un huracán que puede barrer a Oriente Medio y provocar una intervención militar de la OTAN.
 
 
La investigación que Sellstrom está por comenzar, a cuatro días de su arribo a Damasco para estudiar denuncias previas de ataques químicos lanzados por el gobierno de Bashar el Assad y la guerrilla, puede influir de manera decisiva en el resultado de una guerra que se ha prolongado por la resistencia bien organizada y resuelta del presidente sirio ––apuntalada por el Hezbolá, Irán y Rusia––, pero también por las diferencias irreconciliables de los opositores 'moderados' bendecidos por Occidente, que han sido superados, al menos en el campo bélico, por extremistas islámicos, quién lo dijera, cercanos a El Kaida.
 
 
Experto de la Agencia de Investigación de Defensa Sueca en Umea, Sellstrom acompañó en Irak en los años noventa a su compatriota, Rolf Ekéus, titular de la comisión de desarme de la ONU, quien más tarde revelaría que Washington lo presionó para efectuar labores de espionaje. Regresó a Bagdad con Blix en 2002 y fue clave, al lado del entonces director de la Agencia Internacional de Energía Atómica y malogrado vicepresidente egipcio, Mohamed ElBaradei, para atajar las falacias del “peligro mundial” que representaba, según Bush, un país sometido a diez años de embargo y bombardeos aéreos.
 
Tarea
Hoy, la tarea de Sellstrom es por demás compleja: El Assad posee lo que sería el tercer arsenal químico más grande del mundo, con unas mil toneladas de agentes venenosos ––capaces de ser montados en ojivas de misiles Scud–– que, sin embargo, ha jurado no emplear contra su propio pueblo. Del otro lado, y eso lo demostró en sus pesquisas de mayo la exfiscal suiza Carla del Ponte, también a nombre de la ONU, se hallan las facciones insurgentes que han recurrido al gas sarín.
 
 
Tras bambalinas, el verdadero temor de Israel y de la Alianza Atlántica es que los depósitos letales de Damasco caigan en manos del Frente El Nosra y de otros grupos afines a El Kaida, que no vacilarían en utilizarlos para un atentado terrorista. Por eso ayer Ekéus señalaba que “sería muy raro que un gobierno actuara de esta forma en el momento exacto en que los inspectores internacionales llegan al país... al menos no sería una medida muy inteligente”.