Opinión

Al borde del precipicio

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Bandera de México (Cuartoscuro)

Los seres humanos somos quejumbrosos. Nos imaginamos con frecuencia, como dijo Manrique, que todo tiempo pasado fue mejor, porque nuestros mecanismos mentales retienen más información “buena” que “mala”. Pero toda la evidencia que tenemos muestra que vivimos hoy mejor que nunca antes: salud, educación, confort, incluso paz y seguridad. Si gusta una bibliografía amplia al respecto, la puede encontrar en El fin de la confusión, que publiqué con Paidós hace unos meses.

Si bien el mundo entero vive mejor, es posible que algunas regiones no estén bien en todas las variables. Nosotros, por ejemplo, tenemos más inseguridad y violencia hoy que hace 15 años. Pero eso no hace que todo esté mal. Tenemos problemas con educación, sin duda, pero muy posiblemente eran peores antes, nada más que no se medían. En economía, realmente nunca estuvimos muy bien, como ya le he comentado en otras ocasiones. Pero quienes no tenían acceso a educación, ni a ingresos razonables, vivían en el campo, lejos de los críticos citadinos.

Así que cuando escucho a quienes afirman que México está en situación crítica no me queda sino recordar esto. Es indudable que México no tiene una economía exitosa, ni un sistema político eficiente, ni una sociedad tolerante y justa. Pero eso no significa que antes hubiese tenido algo de eso. Si acaso, creo que hoy estamos más cerca de tener mejores resultados en las tres dimensiones que en cualquier época anterior. Porque llevamos ya tres décadas de corregir errores, y algo hemos logrado. Desde tener sectores económicos verdaderamente competitivos hasta instituciones políticas razonablemente sólidas, pasando por un proceso de educación social que no hay que menospreciar.

La percepción de que estamos en un momento crítico no parece tener respaldo general. Los estudios de opinión no muestran una situación terrible. Efectivamente Peña Nieto es peor evaluado que los dos presidentes anteriores (más en Parametría que en Consulta o Gea-ISA), pero nada excepcional. Hay un notorio desgaste a partir de mediados de 2013, que creo que puede asociarse a la presentación de las reformas fiscal y energética en agosto de ese año, pero nada más. La caída de fines del año pasado no estoy seguro que continúe. Habrá que ver.

Pero si usted revisa los medios, o peor, las redes sociales, pareciera que estamos al borde de la tragedia. Y con frecuencia se afirma ahí que el gobierno no entiende al pueblo. Bueno, pues según las encuestas, ahí entienden menos aún. Lo que sí se percibe, y que las encuestas no pueden medir, es el gran enojo de ciertos grupos que fueron afectados por el alud de cambios: maestros, petroleros, empresarios inmensos (por telecomunicaciones), empresarios en general (por la fiscal), y quienes creen que el camino de México desde 1986 es erróneo, como le comentaba en las dos últimas entregas.

Nada de esto debe entenderse como aprobación al gobierno actual. Es imposible aceptar la acumulación de riqueza de los políticos en sus negocios con empresarios, o los desplantes pueblerinos en revistas con pretensiones aristocráticas. Pero eso tampoco define a México, ni al proceso en que vamos. Insisto en que los políticos reaccionan a lo que se les exige. El sistema anticorrupción es un gran paso que tenemos que vigilar que ocurra.

Falta mucho, pero el camino es correcto. Así lo indica la historia y los resultados parciales que tenemos. Y la evidencia también nos muestra que los mexicanos no se sienten al borde del precipicio que perciben ciertos grupos sociales, excesivamente presentes en medios y redes. Mesura.

Twitter: @macariomx

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