Opinión

Ajustando rumbo

  
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ME. ¿Por qué Enrique Ochoa?

Después de la derrota del 5 de junio pasado, el presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, decidió renunciar, no sin antes hacer énfasis en el costo que los malos gobernadores le pasan a su partido. Aunque se nombró como interina en el cargo a Carolina Monroy, parece que los mismos gobernadores han provocado que la designación del nuevo presidente del partido, entre varias otras decisiones, tuviese que adelantarse.

Enrique Ochoa, director general de la CFE hasta hace unas horas, no sólo se presentó a la elección para la presidencia del PRI, sino que sus amplias virtudes políticas fueron descubiertas este fin de semana por los sectores del otrora partidazo. No todos están de acuerdo con este nombramiento, y se escuchan quejas soterradas de varios priistas, y abiertas de unos pocos, entre ellos Ulises Ruiz, el exgobernador de Oaxaca que tanto ha peleado con el clan Murat por el control del estado. Justo del estado donde más problemas políticos hay en este momento. Coincidencias, me imagino.

Pero ayer mismo la PGR anunció que por instrucciones presidenciales procede a entablar juicios de inconstitucionalidad contra los estados de Veracruz y Quintana Roo por la creación de organismos ficticios contra la corrupción que, como ayer comentamos aquí, tienen como fin cubrir las espaldas de los personajes que dejarán la gubernatura en pocos meses. Personajes que han superado cualquier ficción política imaginable, al grado de asignarse vigilancia especial por tres lustros, o donar los edificios públicos para dejar al gobernador electo sin oficinas para despachar. No recuerdo novela sobre el caudillo latinoamericano que haya llegado tan lejos.

Tanto el nombramiento de Ochoa en el PRI como las acciones contra los gobernadores mencionados implican un cambio de rumbo, o al menos un ajuste importante, en la dirección de la sucesión presidencial. Recuerde usted que Enrique Peña Nieto construyó su candidatura unificando al PRI alrededor suyo mediante el apoyo a gobernadores jóvenes, que ganaron su puesto gracias a ello. En ese grupo están los dos Duartes, Borge, pero también Ivonne Ortega, Aristóteles Sandoval, José Calzada, Manuel Velasco, y varios más. No son todos iguales, pero al menos los tres que hoy están en problemas, a los que se pueden sumar pronto Aristóteles y Velasco, se han convertido en un lastre. Ya perdió el PRI las tres entidades, y hay muchas probabilidades de que pierda Jalisco. Chiapas no sé si lo pierda, pero ya no podrá repetir el milagro de los votos de 2015.

Es decir que 2018 se ha complicado mucho, como ya habíamos comentado hace varias semanas. Lo interesante es que el presidente Peña Nieto ha decidido enfrentar las complicaciones de una manera particular. Desde fuera, parece como si estuviese cerrando el túnel hacia la sucesión, mientras avanza hacia un enfrentamiento no menor al interior del PRI. Porque si no quiere pagar más costos tiene que actuar contra casos extremos como Duarte y Borge; porque no importa qué haga, habrá una fracción del PRI que no acepte a su candidato; y porque ganando o perdiendo, tiene que defender su gran legado, las reformas estructurales.

Es decir que no hay manera de evitar el enfrentamiento interno, por lo que tal vez sea mejor acelerar el tránsito, para tener un año entero para procesarlo. Si es así, entonces el nuevo presidente del PRI y la iniciativa contra Borge y Duarte no será lo único que ocurra. Un ajuste en el gabinete parecería inminente, junto con un esfuerzo por cerrar algunos frentes. Después habrá que procesar el presupuesto 2017, que no es cosa menor, y el escenario internacional, con la elección presidencial en Estados Unidos en noviembre. Un trimestre muy movido, pues.


Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey


Twitter: @macariomx

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