Opinión

AICM: Por omisión, devuélvanme mi TUA,
por favor

 
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Nueva sala AICM

Cuando llegamos a la lejana posición remota Oriente 50 del AICM ayer, las decenas de pasajeros que cruzamos el aeropuerto de un extremo a otro en un llamado 'Cobus' que nos transportó de la sala 7 al sitio donde nos esperaba el Airbus 320 de Interjet en vuelo 2655 a Huatulco, ya habíamos tenido más que oportunidad de recuperar el aliento e intercambiar incomodidad o molestia.

La ausencia de información oportuna y correcta sobre la sala en la que deberíamos abordar nos había enfrentado a todos a un desafío individual y colectivo. En las pantallas de la avejentada y desalineada Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México nunca apareció la sala en la que nuestro puntual vuelo estaba abordando. La letra B no fue sustituida por quienes tienen a su cargo la complejísima tarea de informarle a sus clientes (los pasajeros que pagan TUA) qué sala le asignó el propio aeropuerto al vuelo en cuestión.

Ante esa sencilla y culposa omisión, todos los que estábamos por volar en la aeronave XA-BIO habíamos averiguado la sala asignada a base de múltiples y persistentes preguntas al personal de tierra que creímos que lo podría saber o bien recorriendo (como fue mi caso) sala por sala desde la 17 hasta la 1 a paso veloz y con una estrategia de descarte.

Sólo unos minutos antes del cierre del vuelo iniciaron los llamados por micrófono informándole a los pasajeros interesados “que el vuelo 2655 ya estaba concluyendo el abordaje en la sala 7”.

Mientras, en la mismísima sala en cuestión la pantalla que debería informar el vuelo en proceso de abordaje estaba apagada.

Por goteo, uno tras otro de los pasajeros aparecimos en la sala con cara dudosa o desdibujada a preguntar si ahí estaba el vuelo que buscábamos. Al recibir la pregunta lógica, obligada y, por cierto, reiterada, la señorita de Interjet responsable de verificar los pases de abordar, lo único que reparaba en repetir en tonos que se agravaron con el paso de los minutos críticos fue que “eso era responsabilidad del aeropuerto”.

Si la respuesta fue correcta (y a pesar de la mala forma creo que sí), en la simpleza de la omisión está la profundidad de la crítica a Aeropuertos y Servicios Auxiliares. Cuando los pasajeros pagamos la Tarifa de Uso de Aeropuerto no sólo es para usar temporalmente sus muy modestas instalaciones. Se paga, también, por la información esencial que se requiere para cumplir el propósito que obliga al pago.

Llegué a mi vuelo 'de chiripa'. No por llegar con falta de tiempo y no porque hubiera volado en la hora crítica en dónde todo es más que complicado es ese aeropuerto. No. Llegué de milagro porque intuí que algo estaba mal. Al documentar mi maleta me informaron que el vuelo estaba puntual y que “no me confiara de las pantallas”.

Me encantará saber quién era el ser humano responsable del acto más mundano que puede tener un aeropuerto, que es informar en dónde salen los vuelos a los que sirve.

Y PARA REMATAR, QUE SE EQUIVOCA LA SOBRECARGO…
Y cuando todo indicaba que la innecesaria prueba aeroportuaria estaba superada, como si hubiera sido un programa de comedia, cuando ya estábamos todos los pasajeros sentados y estaban cerrando las puertas de un vuelo tan puntual como semivacío, la sobrecargo principal nos dio la bienvenida al vuelo 2655 con destino ¡a Acapulco!

Hubo asombro en algunos, risa incrédula en otros y uno que otro que se paró con inmediatez de su lugar creyendo que se había equivocado de avión.

Afortunadamente, sólo pasaron dos minutos para que el primer oficial, Gustavo Delgadillo, ordenara armar toboganes y aclarara que el vuelo si iría a Huatulco.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter:
@mcandianigalaz

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