Opinión

Ahora ya sabemos cómo es el nuevo PRI

Juan Antonio García Villa

Desde antes de la campaña presidencial de 2012, cuando muchos visualizaban ya un triunfo del PRI, que de todas maneras requirió de las viejas prácticas y de sus peores y muy conocidos métodos de defraudación, no faltaron quienes por interés mezquino -aunque quizá algunos de buena fe- sostuvieron que el nuevo priismo era radicalmente distinto al histórico.

Estaban viendo la desenfrenada compra de voluntades, la notoria complicidad de los medios, en particular la radio y la televisión, y el excesivo gasto de campaña, a ojos vistas muy superior al legalmente fijado por el organismo electoral, y con cinismo de campeonato se atrevían a sostener que visualizaban un nuevo PRI.

Peor aún, en la precampaña presidencial misma el dirigente de ese partido era un desprestigiadísimo político, Humberto Moreira, muy conocido en Coahuila no sólo por sus actitudes arbitrarias y despóticas, sino por su corrupción de altos vuelos, y ahí estaba tan campante como si nada.

Que no vengan, por favor, con el cuento de que lo tuvieron que destituir cuando se supo toda la verdad de su turbia trayectoria. La conocían –y muy bien- desde antes. Nadie ignoraba, y en el PRI como beneficiario menos, que en los años previos al 2012 el priismo ganó numerosas elecciones locales gracias a que desde Coahuila salían enviados de Moreira con maletas atiborradas de billetes, a los estados con elecciones para refaccionar la compra de votos y armar estructuras para el fraude.

Quizá nadie sabe a ciencia cierta cuántos cientos –quizá miles- de millones de pesos se fueron por esa sucia cloaca de la política priísta, para pavimentar el camino que le permitió ganar los comicios hace dos años.

¿Qué pudiera entenderse como un nuevo y reformado PRI? Tal vez muchas cosas, pero fundamentalmente dos. El fin de la opacidad y de la impunidad. Y no sólo en el ámbito externo –sino también en el interno- a ese partido, donde de nueva cuenta se han vuelto a confundir, como antaño, gobierno y partido, hasta revivir el viejo y por ellos añorado esquema de partido-gobierno

Al interior de ese partido las cosas siguen igual y quizá peor que antes. La impunidad continúa siendo la regla. Así lo ha puesto de manifiesto la detención en Texas del exsecretario de Finanzas de Moreira, a quien han convertido no sólo en el mayor sino en el único responsable de la megadeuda pública de escándalo en Coahuila durante el primer Moreira, que prácticamente de cero la hicieron llegar a más de 36 mil millones de pesos, de los cuales nadie sabe en dónde quedó cuando menos la mitad de esta brutal cifra, y de la que está comprobado que cinco mil millones se documentó de manera fraudulenta.

Pues bien, ese sujeto, de nombre Javier Villarreal, es responsable, pero naturalmente no es el único. Entre otros, deben contarse los que cuando todo se supo eran diputados locales y en lugar de proceder a analizar el tema a fondo y cumplir con rigor sus funciones de fiscalización para facilitar el financiamiento de las responsabilidades procedentes, con cinismo inaudito se dedicaron a aprobar -como si nada- los miles de millones de pesos que durante dos décadas tendrán que pagar los coahuilenses.

Si esos malos legisladores actuaron como lo hicieron y luego se hubieran ido a su casa a maldecir de por vida al PRI y al perverso sistema que lo sostiene, quizá algunos ciudadanos se darían por satisfechos. Pero resulta que no es así. Varios de esos diputados que “legalizaron” el atraco, postulados por el PRI, quieren de nuevo ser diputados y serán postulados por ese partido para ser votados en las elecciones del próximo 6 de julio. Van sus nombres: Verónica Martínez, Shamir Fernández y Francisco Tobías Hernández. ¿Nuevo PRI? Qué cinismo.