Opinión

Ahora es el momento de posicionar una agenda indígena

04 agosto 2017 5:0
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Indígenas

Los indígenas, nuestros hermanos indígenas, aquellos que provienen de los pueblos originarios de México y que representan una civilización que es legado y patrimonio del mundo y de la cual muchos nos sentimos profundamente orgullosos, deben aprovechar la oportunidad que se les presentará en el ya cercano proceso electoral.

Para posicionar una agenda indígena, su agenda, que a través de recoger su glorioso pasado, su infame presente, y su deseable digno futuro, mueva los sentimientos de la sociedad en general y en particular de quienes vayan a gobernar a nuestro país, para que se impulse el reconocimiento de las culturas prehispánicas de las que todos debiéramos estar orgullosos.

Un amigo indígena me dijo ya hace algunos años: más que la pobreza nos duele la discriminación de que somos objeto. Y tenía y sigue teniendo razón. Nuestros hermanos indígenas siguen siendo discriminados por una parte de nuestra población y muchos de ellos, alrededor de 7 millones, se encuentran en condiciones de una lacerante pobreza que alimenta la exclusión y marginación de que son objeto.

Se habla de alrededor de 15 millones de indígenas que representan a 64 etnias instaladas en 17 estados de la República.

Los invito a voltear los ojos hacia nuestros hermanos indígenas y descubrir su riqueza cultural y su sabiduría ancestral, mismas que lamentablemente están perdiendo por la marginación de que han sido y siguen siendo objeto.

Por qué no aprovechar el ímpetu con el que entrará a gobernar nuestro futuro presidente, sea del partido que sea, para descubrir el tesoro que los mexicanos tenemos en nuestras manos, -la cultura indígena y sus dignos representantes– y darlo a conocer al mundo entero.

Ahí está presente la riqueza cultural de los indígenas y su sabiduría, sus tradiciones y su bellísima vestimenta, sus ejemplares formas organizativas, su cosmovisión basada en el respeto al medio ambiente y su preservación, sus profundos valores éticos de respeto a la vida y a la palabra dada.

En fin, muchas cosas que debemos conocer para enlazar el mundo antiguo, su mundo, con el contemporáneo, el nuestro, en forma tal que nos permitan construir mejores esquemas de desarrollo integral, más justos y más equitativos en donde prevalezca el ser antes que el tener.

La raza indígena, dueña del país antes de la llegada de los españoles, a la que poco hemos estudiado –con excepciones notables- pero que debemos estar orgullosos de ella. Ahí está presente la cultura maya, la tolteca, la olmeca, la azteca y muchas otras que construyeron obras que tienen reconocimiento mundial, pero cuya sabiduría no se ha aprovechado debidamente.

Cultura y sabiduría fincada en profundos valores éticos de respeto a la vida, al medio ambiente, a la palabra dada y a muchos otros aspectos que aún debemos descubrir.

Reconozcamos lo mucho que tenemos que aprender de nuestros hermanos indígenas y enriquezcamos una cultura, la nuestra, que nos oriente a construir mejores esquemas de desarrollo, más justos y más equitativos en donde cada vez más hagamos prevalecer el ser antes que el tener.

(Para la Maestra Jeannette Arriola, cuyas tesis sobre el indigenismo mexicano inspiraron el presente artículo)

Mañana será otro día.

*El autor es presidente de Sociedad en Movimiento

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