Opinión

Aguirre no es Abarca, a menos que lo prueben

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[Aguirre Rivero dijo que se pondrá en marcha una nueva estrategia de vigilancia que abarcara desde Iguala hasta la colindancia con Michoacán./Cuartoscuro]

En esta columna he criticado, más de una vez, el actuar de Ángel Aguirre Rivero. Lo llamé, por ejemplo, espécimen de un México que urgía que quedara en el pasado. Dicho esto, creo que es grave el linchamiento político y mediático al que se está sometiendo al exgobernador de Guerrero, y a su familia.

Desde septiembre 26 la historia de México dio un giro. Las autoridades federales y estatales quedaron a deber, en distintos momentos, con respecto a la búsqueda y procuración de justicia para los 43 estudiantes de Ayotzinapa, desaparecidos en Iguala.

La entidad guerrerense entró en una crisis de gobernabilidad que forzó la caída de Ángel Aguirre. La defenestración de éste fue vista como una medida indispensable para distender la polarización.

Pero también cayó porque así convenía a políticos de todo signo. Nada de raro hay entonces en que por lo mismo se le retratara en los medios de comunicación como alguien que no estuvo a la altura de las circunstancias, antes y después de la llamada noche de Iguala.

Mas no fue el único que falló. Hay que recordarlo: la PGR y en Segob desatendieron denuncias contra los Abarca realizadas por Bejarano más de un año antes de la tragedia de Ayotzinapa.

A Aguirre le tocaba pagar. Son las reglas del sistema, y aunque se resistió todo lo que pudo, al final de cuentas pagó con su salida.
Sin embargo, ahora resulta que alguien (¿en singular? ¿en plural?) está promoviendo la idea de que estamos ante un gran pillo, un pez gordo; casi casi ante la cabeza de una estructura criminal. Ante otro Abarca.

Nos conviene tomar con un grano de sal lo que ha venido ocurriendo desde que la PGR decidió proceder contra Aguirre, hoy por él, mañana por cualquiera.

Aguirre no es un ángel. Nadie que realmente se dedique a la política lo es. No es angelical quien se formó en el PRI guerrerense, ni quien operó con el PRD en ese estado. Pero el show que pretende convertirlo en el demonio estelar de la temporada no debería contarnos entre el público aplaudidor.

Si es un criminal, que se pruebe. Pero que no se use la ley de manera discrecional para rentabilizar el caso en las elecciones y en quién sabe qué otras agendas.

Como decía Juan Angulo, director de El Sur de Acapulco, al comentar el monto del desvío público por el que acusan al hermano, al sobrino y a excolaboradores de Aguirre: esos 287 millones de pesos son muy poco dinero si se toma en cuenta las grandes cantidades de recursos a los que tuvo acceso el exgobernador. No cuadra.

No por haber pedido licencia Aguirre debería gozar de impunidad. Para nada. Pero resultaría tan grave que se le perdone lo que sí haya hecho violentando la ley, como que se le quiera acusar a toda costa.

Y en lo político deberíamos estar avergonzados con el festín de expresiones de regocijo emitidas tras la renuncia de Ángel Aguirre Jr. a una precandidatura.

Vaya democracia la nuestra, que sin que haya causa penal específica y directa contra ese joven se festina que se le conculque un derecho político.

¿Que Ángel Jr. iba a operar a partir de redes clientelares construidas por su padre? Sí, las mismas a las que no les hará asco el PRD con su nueva candidata a gobernadora, las mismas que quiere recuperar el PRI guerrerense.

Aguirre Rivero es un político del pasado. Honremos el momento exigiendo que él y los suyos no padezcan linchamientos del viejo estilo.

Twitter: @SalCamarena

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