Opinión

Agenda del sector privado desde al ámbito público

 
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Recientemente el Consejo Coordinador Empresarial presentó la agenda pública del sector privado, una agenda construida sobre cuatro pilares: construir una economía abierta, competitiva e incluyente; generar mejores condiciones de bienestar; impulsar un gobierno eficiente y transparente; y fomentar la innovación y la productividad. La participación de la sociedad en general y del sector privado en el diseño y evaluación de políticas públicas debe ser una actividad permanente, pero sin duda las elecciones sexenales son el momento más propicio para evaluar lo que se ha realizado, repensar los desafíos que tenemos en frente y proponer políticas públicas a los partidos y candidatos a los diferentes puestos de elección popular. Que bueno que el CCE esté liderando una iniciativa como esta.

No obstante, también deberíamos reflexionar sobre la agenda del sector privado desde el ámbito público; es decir, que esperaría la sociedad y los gobiernos de parte del sector privado para construir un mejor futuro para el país. Tres temas vienen a la mente, la contribución del sector privado a la investigación y desarrollo tecnológico; su papel en el combate a la corrupción y su compromiso con la mejora regulatoria.

Sobre el primer tema, Juan Pablo Castañón, presidente del CCE, plantea que nuestro país debe destinar al menos el 1.5% del PIB a investigación y desarrollo. ¿Qué tan ambicioso es ese objetivo? El gasto en investigación y desarrollo como porcentaje del PIB en México es de 0.55% de acuerdo al Banco Mundial; en contraste, el promedio de los miembros la OCDE es de 2.55%, Estados Unidos registra un número similar (2.79%), Corea 4.23% y Brasil 1.2%.

Estos números reflejan, sin duda, que tenemos que hacer una mayor apuesta como país en materia de investigación y desarrollo; el sector público debe invertir el doble de lo que invierte en estos momentos para alcanzar el promedio de la OCDE (0.44% como porcentaje del PIB vs 0.84% que es la aportación promedio del sector público de los miembros de la OCDE); pero donde estamos en la calle de la amargura, para utilizar una frase popular, es en la aportación del sector privado.
Recientemente Enrique Cabrero daba unas cifras que deben hacernos reflexionar sobre la aportación del sector privado al gasto en investigación y desarrollo en México. En Corea el sector privado aporta el 80% y el promedio de los miembros de la OCDE es 66%; en nuestro país aporta el 20%.

Hagamos algunos números para dimensionar el tamaño del reto. En Corea el gasto en investigación y desarrollo es de 4.2% del PIB, por tanto el sector privado invierte el 3.4% del PIB. Los miembros de la OCDE aportan en promedio 2.5% del PIB, por tanto la aportación del sector privado rondaría el 1.6% del PIB. En México con 0.55% en total, el sector privado aportaría alrededor de 0.11% del PIB. Tendríamos que multiplicar por quince el gasto del sector privado en investigación y desarrollo en México para alcanzar el promedio de los miembros de la OCDE. Un desafío de enormes proporciones.

De la última Encuesta sobre Investigación y Desarrollo Tecnologico (ESIDET) que levantan el CONACYT y el INEGI se desprende que sólo el 4.7% de las empresas con más de 100 trabajadores cuenta con un departamento de investigación y desarrollo tecnológico y solo 1.8% realizaron investigación y desarrollo tecnológico extramuros. Estos bajos porcentajes explican los malos números en el agregado.

En la misma Encuesta encontramos que de acuerdo a las empresas, los principales obstáculos a la innovación en México tienen que ver con: costos de innovación elevados; riesgo económico elevado; falta de fuentes de financiamiento adecuadas; y falta de apoyos públicos.

En este sentido me parecen correctas las propuestas planteadas por Juan Pablo Castañón en el sentido de dirigir más fondos públicos a proyectos que involucren al sector privado y los centros de investigación, avanzar en las asociaciones entre sector público, sector privado y las universidades, y generar mecanismos de acceso a investigación aplicada para pequeños empresarios.

No obstante, esos esfuerzos serán insuficientes sin un cambio de mentalidad del sector privado sobre la importancia de invertir más en investigación y desarrollo tecnológico.

* El autor es profesor Asociado del CIDE

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