Opinión

Again and again

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó las noticias de Oaxaca. Probablemente Gamés no ha visto una cosa así en los años de su edad. Los maestros de la CNTE han tomado el Zócalo, paralizado los trabajos en el Congreso local, cerrado plazas comerciales y comercios, bloqueado la circulación, tomado las casetas de peaje, obstruido carreteras y cerrado las entradas y salidas principales al aeropuerto. Dirán que Gil parece disco rayado con el asunto de los mentores, o lo que sean, pero los que se rayan son los rufianes de la CNTE. ¿Recuerdan ustedes a un grupo más impune? Gil no recuerda un caso así en el cual unos cuantos ocasionen tanto fastidio a la mayoría.

Lodo de aquellos polvos

Gamés entró por los pasillos de la memoria para encontrar a otros personajes capaces de doblegar a la mayoría y someterla en un solo envión: Castro Bustos y Falcón, los dos hampones que secuestraron la rectoría de la UNAM en 1972, estos señores construyeron un cañón y lo mostraron al mundo desde la ventana de la oficina del rector González Casanova. Castro Bustos y Falcón le metieron un balazo en la frente al óleo de Justo Sierra que preside una de las salas de juntas del rector. Estos sí le pelean un lugar a la CNTE en la lista de la ignominia. Por cierto, aquel episodio empezó cuando un grupo de normalistas exigió pase automático a la facultad de derecho.

La memoria de Gil es una balsa a la deriva, pero asocia al Consejo General de Huelga y al secuestro de nueve meses de la UNAM en 1999 con uno de los episodios más vergonzosos de permisividad de una mayoría frente al triunfo de una minoría violenta. ¿Quién le teme a El Mosh? ¿Quiénes recuerdan al Mosh? Gamés refresca su memoria. Después de la huelga universitaria, El Mosh regresó al vandalismo y el delito en Michoacán, ni más ni menos, como parte de la huestes de la CNTE. ¿Nadie se baña dos veces en el mismo río? Pobre Heráclito, no supo lo que dijo.

Síganles prometiendo

Revenons nos moutons. Los maestros de la CNTE pretenden impedir que entre en vigor la reforma educativa en Oaxaca. Desde hace meses han boicoteado todos los congresos educativos y se salieron con la suya al suspender el examen de evaluación. El impávido Rubén Núñez intentó interrumpir dos presentaciones de La Guelaguetza. Gilga odia La Guelaguetza, pero no es ésta una razón suficiente para impedir que se realice. Gamés piensa esto cada vez que los maestros añaden alguna novedad a su larga cadena de desmanes, vandalismos y delitos: ¿cuánto más, hasta dónde?

Quizás el gobierno compra tiempo y espera que los maestros de la CNTE desistan vencidos por el fastidio de sus desmanes. Al menos sería una estrategia, salvo que el precedente será veneno cuando otros grupos, de otras voces y otros ámbitos decidan imitar la lucha, o como se llame, de los maestros. Por cierto, ¿quién era Emilio Chuayffet? Por más esfuerzos que hace, Gamés nomás no recuerda que hacía aquel funcionario. ¿Era el secretario particular de Rubén Núñez?

Mientras Gamés escribía estas notas, los maestros normalistas y grupos de la CNTE movilizaban a sus huestes por diversas zonas de la Ciudad de México. Los líderes ofrecerán una conferencia de prensa para exigir el pago de becas retrasadas y otras prestaciones, todas en contra del Servicio Profesional Docente. Hay días en que a Gilga le gustaría mudarse a un planeta vecino y ver desde allá a las huestes indomables de la CNTE. Reportó para el periódico más influyente de Júpiter, Gamés. Nos vemos mañana, pero en público, ¿o cómo era?

La máxima de MacLuhan espetó en el ático de las frases célebres: “La indignación moral es la estrategia para dotar al idiota de dignidad”.

Gil s’en va