Opinión

After America,
North America

En los próximos años la humanidad vivirá en un entorno de bajo crecimiento económico y enfrentará retos importantes que provendrán de desempleo estructuralmente alto y creciente desigualdad. Lejos de lo que las izquierdas y populistas pregonan, ésta proviene de profundos cambios generados por la revolución tecnológica, y por la fundamental transformación de la cadena de abasto industrial; cambios que están aquí para quedarse. Cuando Estados Unidos celebra que la tasa de desempleo bajó a 5.9 por ciento, es una bendición a medias, pues sólo 62.7 por ciento de los adultos en edad de trabajar participan en el mercado laboral, el menor porcentaje en 36 años. Muchos trabajadores estarán permanentemente desempleados en todas las economías, por razones que ameritan un análisis aparte.

Con demanda deprimida, es particularmente importante incrementar la competitividad. El país o región que lo logra, tiene la posibilidad de exportarle más a otros. Al hacerlo, además de bienes exporta su desempleo.

En Estados Unidos crece la conciencia de que es estratégico el desarrollo de América del Norte como unidad regional, para incrementar su competitividad, acelerar el aprovechamiento de las oportunidades que presenta el entorno, y tomar ventaja del perfil complementario que en lo económico, geográfico y demográfico tienen Canadá, Estados Unidos y México.

La semana pasada, el prestigioso Council on Foreign Relations (“think tank” no partidista y sin fin de lucro que existe hace casi 100 años en Nueva York y Washington) presentó el resultado de un análisis desarrollado por más de 20 académicos y ejecutivos importantes que abordaron el futuro de América del Norte como región. Las conclusiones me sorprendieron.

Muchos de sus hallazgos coinciden exactamente con argumentos que presenté en mi libro "Ahora o nunca". Pero, no es lo mismo que lo diga yo, a que lo diga un grupo presidido por el Gral. David Petraeus (militar retirado quien fuera comandante supremo de las Fuerzas Armadas en Irak y Afganistán), Robert Zoellick (expresidente del Banco Mundial), y dirigido por la Dra. Shannon O’Neil (autora del libro "Dos naciones indivisibles", y quizá la voz que más respeto en temas latinoamericanos vistos desde Estados Unidos).

Afirmar la trascendencia de América del Norte desde la perspectiva mexicana tiene un dejo de deseo ferviente muy distinto a afirmarlo desde la perspectiva del país más poderoso del mundo. Resulta sorprendente escuchar al Gral. Petraeus decir que ante la frecuente pregunta de quién será la fuerza dominante del mundo después del “Siglo estadounidense” (muchos clamando un “Siglo chino”), él responde que “After America, North America” (después de Estados Unidos, será el turno de América del Norte).

Este pragmático grupo defiende la necesidad de incrementar la integración de la región buscando, por ejemplo, apuntalar las reformas estructurales de México para que se traduzcan en mayor productividad local. Como dijo la Dra. O’Neil: “cuando un trabajador es más productivo en México, crece la productividad de un trabajador en Kansas”.

Defienden el apremiante deseo de una reforma migratoria integral en Estados Unidos; la necesidad de incrementar el tránsito de trabajadores entre los tres países transformando radicalmente los esquemas de visas actuales; hablan de la importancia de tener cruces fronterizos en los que, cuando un país valide el cruce de mercancía, éste esté automáticamente aprobado por los otros dos; de la posibilidad de conectar a la industria y a los hogares mexicanos a la red eléctrica estadounidense para abatir costos para industrias y consumidores (75 por ciento más cara que en Estados Unidos, en promedio); y de incrementar el entrenamiento y educación de trabajadores en México, para aumentar productividad y el poder adquisitivo de potenciales compradores.

En resumen, no sólo ven la oportunidad de construir una región dominante, sino la necesidad de una narrativa sensata que incremente la consciencia estadounidense sobre este tema y derrote argumentos aislacionistas, xenofóbicos y miopes de grupos opuestos por distintos motivos. Ese es el único objetivo del trabajo de este influyente grupo. Proponen, además, colaboración estrecha en temas de seguridad, ante la creciente internacionalización de organizaciones criminales y hablan de un Banco Norteamericano de Desarrollo, para financiar la modernización de la infraestructura de los tres países.

Para Estados Unidos se ha vuelto crucial conformar un compacto bloque regional que incremente la capacidad de los tres para penetrar en otros mercados. Los casi 500 millones de habitantes de Norteamérica tienen un perfil demográficamente complementario, e infinitamente más sano que el de Europa, Japón o China. La integración energética de los tres países permite consolidar a Estados Unidos como exportador neto de energía, reduciendo su riesgo geopolítico al reemplazar a Rusia como proveedor de gas a Europa, por ejemplo.

El esfuerzo de este grupo es loable y sus conclusiones no podrían ser más oportunas para México. Es importante consolidarnos como el socio natural del único país que hoy es capaz de desplazar la frontera de desarrollo tecnológico, y que ya es el mayor productor de energía del mundo. Es crucial hacerles eco.

Twitter: @jorgesuarezv