Opinión

África, el continente olvidado en la política exterior mexicana

Mauricio de Maria y Campos

En memoria de Rafael Izquierdo y Víctor Alfonso Maldonado, dos brillantes economistas internacionalistas que fallecieron la semana pasada.Asia -y en especial China-, ha venido creciendo más rápido que el resto del mundo y lo seguirá haciendo en la próxima década; su impacto en los países ricos es fuerte. En el caso de Latinoamérica la demanda creciente de energía y otras materias primas ha convertido a China en un motor clave del crecimiento reciente; pero pocos se fijan en el efecto dinamizador que los países emergentes han tenido sobre África, el continente tradicionalmente rezagado.

África creció al 6 por ciento anual desde comienzos del nuevo siglo y los pronósticos destacan que ello continuará a menos que los precios de las materias primas caigan más en los próximos años y se detenga el impulso interno que ha despertado a un grupo importante de países africanos y ha conducido a exportaciones e inversiones nacionales y extranjeras sin precedentes para la región.

En los últimos 15 años no sólo China, India, Brasil y Corea del Sur han tenido a África en la mira, sino también Indonesia, Malasia, Turquía, Australia y un número creciente de países de América Latina que han descubierto que, más allá de los 54 votos en la ONU y otros organismos internacionales, África ofrece crecientes oportunidades para la cooperación, la exportación de bienes y servicios e inversiones rentables a aquellos países y empresas que se lo propongan y tengan capacidades de producción y estrategias imaginativas y persistentes.

Pero África ha sido y continúa siendo el Continente olvidado en la política exterior mexicana, como lo destaqué en un ensayo reciente (La Política Exterior de México González y Pellicer Coords. ITAM-Siglo XXI).

Ello se explicó en el pasado, por la lejanía geográfica, y por una visión miope de todo un continente dominado por inestabilidad política, y bajos índices de desarrollo económico y humano. Los 80 y 90 -las décadas perdidas de África y América Latina- contribuyeron de manera especial a difundir la visión de que África era tierra condenada a la pobreza, hambrunas, golpes militares y genocidios.

Pero la situación, de por sí muy variada tras las independencias africanas en los 60-70 cambió todavía más con la llegada del nuevo milenio. Un continente de mil millones de habitantes, que llegará a los mil 500 a mitad de este siglo, empezó a ser motivo de gran interés de parte de China en particular por constituir una región muy rica en materias primas que el coloso asiático necesitaba para satisfacer su demanda explosiva de consumo y exportaciones; además era claro que en la medida que África creciera se convertía en un mercado potencialmente interesante.

India y otros países asiáticos han pensado y actuado en términos similares, aprovechando viejas vinculaciones y la presencia de diásporas en África.

Hoy día la mayoría de los países africanos tiene gobiernos electos democráticamente y cuentan con instituciones políticas y económicas relativamente sólidas. Hay sin duda países fallidos que no les recomendaría visitar (Somalia o la República Centroafricana, por ejemplo), mucho menos para negocios confiables. Pero 30 de los 54 países africanos ofrecen una perspectiva halagüeña, creciendo a tasas promedio del 6 al 12 por ciento anual, similares e incluso superiores a las asiáticas.

En la última década países “pobres” como Angola, Ghana, Kenia, Tanzania, Uganda, Mozambique y Etiopía han hecho descubrimientos de gas, petróleo y minerales y cuentan con agua, tierras y recursos humanos, que las han convertido en objeto de interés e inversiones crecientes; países en los que el pega primero pega dos veces, como lo han comprobado empresas asiáticas y también brasileñas, chilenas, colombianas y argentinas.

México sólo ha tenido en épocas recientes ojos para los EU, Canadá y ahora América Latina. La ignorancia y falta de interés sobre Asia y África es enorme.

En el caso de África sólo los presidentes López Mateos y Echeverría tuvieron algunas iniciativas y estas nunca tuvieron la continuidad y apoyo deseables. A partir de los 90 y el TLCAN, México, que llegó a tener embajadas en 13 países africanos, cerró representaciones y redujo al mínimo posible nuestros contactos políticos y económicos. Hoy tenemos escasas 7 embajadas para cubrir 54 países, otorgar visas, promover negocios y cooperación. La embajada de México en Sudáfrica tiene la responsabilidad de cubrir 10 países con mínimos recursos. China cuenta con 50 embajadas, Brasil con 36 y Cuba con 30 en la región.

En mi ensayo, con base en cifras duras y posibilidades reales de negocios y cooperación, propongo llevar de 7 a 12 el número de embajadas mexicanas en los próximos 5 años a partir de la definición de estrategias específicas, la canalización de mayores recursos y la programación de visitas al más alto nivel de gobierno, empresas y académicos.