Opinión

Aficionados a la infelicidad

Gil lo leyó en su periódico El Financiero y no dio crédito y cobranza: el Instituto de la Juventud ha realizado una consulta entre 300 mil jóvenes de entre 14 y 29 años sobre la felicidad. Gamés no sabe nada de encuestas, pero sabe de emociones y ha concluido que hay asuntos cuya medición es casi imposible de realizar: la intimidad, la sexualidad, la felicidad figuran en esa lista. Si a Gil le preguntan si es feliz después de leer un artículo de Lorenzo Meyer, su respuesta fulminante será que es el ser humano más infeliz que hay sobre la faz de la tierra, pero si le hacen la misma pregunta después de leer a García Márquez, dirá entonces que es un hombre feliz y rotundo.

Lo mismo pasa con el sexo. Viene el encuestador con su cuestionario y su lápiz, usted emerge a la superficie del día de una noche turbulenta en la cual ocurrió the fuck off de Century; obvio, usted dirá que su vida sexual es tan plena como la de John Holmes; en cambio, si sale usted como un pordiosero del amor, después de una noche de adversidades en la cual los tropiezos psíquicos lo arrojaron a la torpeza y la sinrazón, obvio, usted se echa a llorar ante el encuestador y le pide ayuda profesional.

En ningún caso la persona consultada podría afirmar con los pelos de la burra en la mano que es feliz, pero tampoco que la infelicidad lo ha sitiado con su ejército de sombras. El resto siempre es mentira: del 1 al 10, donde 1 es casi nada y 10 todo, ¿usted es feliz? Na, bueno, pus 3.8, por no dejar; mejor 5, póngale 5 porque no ando de humor. Y así, muchas veces, hasta tener una encuesta nacional.

Así las casas (muletilla inmobiliaria), más de la mitad de los jóvenes que viven en la Ciudad de México son infelices, se ha deprimido alguna vez y no se siente satisfecho con el dinero que recibe por su trabajo. Gilga les hubiera ahorrado altos costos a los consultores. Gil asegura, por ejemplo, que más de la mitad de los mexicanos ha sufrido un ataque de furia en la última semana; resultado, el mexicano es iracundo; acto seguido, la empresa contratada extiende una factura de proporciones escalofriantes. Por esta razón, George Bernard Shaw decía que nadie tiene más derecho a consumir felicidad sin producirla, que a consumir riqueza sin producirla. Gil firma esta frase y abunda: ¿quiere usted ser feliz? Muy bien, pues produzca felicidad, no sea un haragán de la dicha.

En resumen, el 53.4 de los consultados no se siente feliz. María Fernanda Olvera, directora del Injuve, dijo: “No me parece un dato alarmante, en el sentido de que la Consulta de Tendencias Juveniles son datos transitorios. Durante la etapa de la juventud, los jóvenes atraviesan por múltiples estados de ánimo y muchas veces si les preguntas si se han sentido discriminados pueden decir que sí aun cuando no se trate estrictamente de una acción discriminatoria”.

Gamés encuentra monstruosa la cifra de jóvenes que se sienten felices en la Ciudad de México. ¿Tantos y tantos felices? Na. Ahora mal, la directora del Injuve afirma que los jóvenes atraviesan por múltiples estados de ánimo. Con la novedad de que a su provecta edad, Gamés ha pasado por casi todo el espectro emocional, incluyendo la tentación suicida, en un solo día. Así se las gasta Gilga.

Hace años, Nexos celebró los 25 años de su existencia con una edición dedicada precisamente a “La Felicidad”. Un grupo de escritores escribió sobre el tema: el primero de ellos, García Márquez, quien envío a la redacción de la revista unas líneas adelantadas de Historia de mis putas tristes: “Aquel sábado negro descubrí la felicidad: un estado del cuerpo y el alma que se vive un instante y se sigue pagando por el resto de la vida”.

La máxima de Gamés espetó dentro del ático: “La felicidad está muy sobrevalorada”.

Gil s’en va

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