Opinión

Adorando a Estados Unidos, con todo y fallas

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Paul Krugman.

Jamelle Bouie escribió un artículo muy bueno para Slate en respuesta al reciente ataque de Rudy Giuliani, exalcalde de la ciudad de Nueva York, contra el patriotismo del presidente Obama, donde presentó el caso de que el Sr. Obama, pese a claramente ser patriota, sí habla de Estados Unidos de forma ligeramente distinta que sus predecesores.

Pero no estoy seguro de que el Sr. Bouie tenga toda la historia (lea su artículo aquí: slate.me/1BvcgNM). En su artículo, atribuye la versión relativamente sumisa del excepcionalismo estadounidense del Sr. Obama a su identidad personal (que como estadounidense negro está más en contacto con las áreas de ambivalencia de nuestra historia). Eso bien podría ser cierto. Pero hay muchos estadounidenses que adoran su país de forma muy parecida al presidente; viéndolo como un país especial, a menudo como una enorme fuerza del bien en el mundo, pero también falible y con algunas manchas en su récord. Soy uno de ellos. Así que no tengo que ser negro para ver las cosas así.

Lo que es más, siempre ha habido patriotas estadounidenses que pudieron reconocer fallas en el país que amaban. Por ejemplo, está el tipo que describió una de nuestras guerras externas como “la más injusta jamás librada por una nación más fuerte contra una más débil”. Ese fue Ulysses S. Grant (el general de la Guerra Civil y presidente estadounidense que mis antiguos lectores saben que es uno de mis héroes), al escribir sobre la guerra mexicana-estadounidense.

Pero ahora (finalmente) tenemos un presidente que está dispuesto a decir estas cosas mientras ocupa la Casa Blanca. ¿Por qué?

Quizás sea por la historia: La Gran Generación se está apagando, y la guerra más reciente en nuestra memoria es Irak; una guerra librada con excusas falsas cuyas imágenes perdurables no son de hombres valientes tomando por asalto Omaha Beach, sino de prisioneros siendo torturados en Abu Ghraib. Siento que Irak ha dejado una sombra duradera sobre nuestra imagen propia; mucha gente ahora comprende que nosotros también podemos hacer el mal.

Tal vez simplemente se deba a que, pese a todo, nos estamos convirtiendo en un país más sofisticado, un lugar donde mucha gente entiende que se puede ser un patriota sin gritar siempre “¡USA! ¡USA!”, quizás incluso un país donde la gente está empezando a comprender que los gritones a menudo son menos patriotas que la gente que intentan acallar.

Nada de esto cambia el hecho de que realmente somos un país excepcional; un país que ha jugado un papel especial en el mundo, que pese a sus fallas siempre ha defendido de los ideales más altos de la humanidad. En otras palabras, no sólo somos tribales, que es lo que hace tan irónico todo el griterío por el excepcionalismo estadounidense porque, de hecho, es un intento por tribalizar nuestra imagen propia.

Twitter: @NYTimeskrugman

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