Opinión

Adly Mansur, un juez veterano y discreto


 
 
Destinado a ser el rostro civil de un gobierno dominado por los militares, Adly Mansur, presidente interino de Egipto, es un misterio para sus compatriotas, pese a que en 1992 fue designado vicetitular de la Suprema Corte Constitucional por Hosni Mubarak, mientras que el depuesto Mohamed Morsi lo elevó a la cúpula del tribunal hace un mes.
 
Su tarea, en la transición, será sin embargo de la mayor importancia, pues deberá redactar una nueva Carta Magna, aparte de convocar a elecciones.
 
Nacido en El Cairo hace 67 años y con estudios judiciales en París, Mansur “representa lo que necesita el ministro de Defensa, Abdul Fatá el Sisi, un tecnocráta de verdadero bajo perfil pero respetado”, aventuró en CNN David Hartwell, experto en Oriente Medio de la consultoría Jane´s, quien hizo notar que incluso en las calles su nombramiento ha sido una sorpresa, ya que se barajaban otras figuras para ocupar el lugar de Morsi, ganador con 63% de los votos --y una participación de apenas 32% de la ciudadanía-- de los comicios que Mansur ayudó a organizar.
 
“La Hermandad Musulmana tratará ahora de decir que es parte de la conspiración judicial en su contra”, agregó Hartwell. Ayer, El Sisi adelantó que “formará un gobierno fuerte y diverso”, al tiempo que en su toma de posesión Mansur recalcó que el pueblo le dio la autoridad para “enmendar y corregir la revolución del 25 de enero de 2011” que acabó con el régimen de Mubarak, para el que durante tanto tiempo trabajó.
 
Millones de egipcios que rechazan el conservadurismo religioso de Morsi respiraron aliviados con el golpe de Estado, pero en el país del Nilo se abre un horizonte lleno de preguntas. “Los golpes no tienen una historia de terminar bien y el que derribó a Morsi probablemente no será la excepción”, advirtió Time, mientras que en Informed Comment Juan Cole, profesor de la Universidad de Michigan y una de las grandes autoridades estadounidenses en Oriente Medio, afirmó que El Sisi y Mansur no están mostrando mucho respeto por la pluralidad con el cierre de las cadenas de televisión simpatizantes de Morsi y el arresto --temporal-- de sus periodistas.
 
Indicó que “las detenciones masivas y la resurrección de los procesos al estilo de Mubarak son preocupantes, pues tienen el efecto de criminalizar a la Hermandad Musulmana y crear nuevamente la categoría de delitos de conciencia, que había sido abolida en 2011”.
 
Cole subraya: lo que la rebelión contra el gobierno electo y El Sisi han hecho es “muy peligroso. No sólo pone en riesgo la legitimidad de las elecciones democráticas, sino que también desalienta a los grupos islámicos para participar en la política de manera abierta. Una revocación similar de elecciones en 1991 en Argelia (cuando ganó el Frente Islámico de Salvación) hundió al país en 15 años de guerra civil que dejaron 150 mil víctimas”.
 
De la misma forma, la purga del Partido Baaz de Sadam Husein en el Irak ocupado por Estados Unidos de 2003, asienta, contribuyó a generar una guerrilla que sigue operando en la vieja Mesopotamia. “Se engañan a sí mismos los egipcios que creen que su país es inmune a este fenómeno”.