Opinión

Adiós, don Emilio

 
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ME. “(La reforma educativa) no es negociable”, Chuayffet… en febrero.

Entre los cambios que en cuestión de días, tal vez de horas, realizará el presidente de la República a su equipo de gobierno, estará indefectiblemente el del secretario de Educación.

Don Emilio Chuayffet se retira del gabinete presidencial por cuestiones de salud que le impiden continuar al frente de sus responsabilidades. Los tiempos y la precipitación de su condición, no le cuadraron al presidente, quien eventualmente había considerado para esa cartera al doctor José Narro, rector de la UNAM hasta el próximo 16 de noviembre. Pero Don Emilio no puede esperar hasta entonces, su estado exige atenciones que requerirán más horas, más tiempo y más cuidados. Por ello el presidente deberá elegir a otro personaje para ocupar la secretaría, vital en su agenda de reformas y de transformación.

Don Emilio se va, habiendo cumplido con la instrucción precisa de recuperar “la potestad del Estado sobre la educación”, una de las afirmaciones que escuchamos muchas veces durante el primer año de gobierno. Parte central de esa operación consistió en el “retiro” de la maestra Elba Esther de la dirigencia del SNTE, que se concretó vía su encarcelamiento y acusación de desvío de fondos. Con Elba fuera de la ecuación y con Juan Díaz al frente del sindicato principal del magisterio –que no el único– se construyó una gestión a modo de ese sector sindical, que no sólo no se opuso, sino que brindó tácito respaldo a la reforma.

Don Emilio cumplió pues con la primera etapa de la reforma, no sólo su debate y aprobación en el Congreso federal y en los respectivos a la mayor parte de los estados en el país, aunque no en todos. Con ello se logró la mayoría necesaria para otorgarle el rango de constitucional.

La gestión de Chuayffet al frente de la SEP se complicó con la beligerancia de la CNTE y su irresponsable sección de bandidos, mejor conocida como la 22. Por muchas semanas y meses, resultó incomprensible la doble política del gobierno y su discurso ambiguo; sí a la reforma desde la SEP, pero también a la negociación política en Gobernación con el eterno negociador peñista, Luis Enrique Miranda. De la SEP provenían señales de reforma, de avance en la evaluación, de rediseño de pruebas, mientras que en Bucareli se otorgaban más prebendas y canonjías para una punta de truhanes que secuestraron la educación en Oaxaca por más de dos décadas, bajo el amparo y la protección perversa del sistema en general, y de los gobernadores cómplices y populistas.

Ahora que se ven articuladas acciones y medidas que han debilitado
–esperemos que de forma definitiva– el poder y el control que los líderes ejercían sobre sus afiliados y sus familias, se puede afirmar que la estrategia cumplió su cometido. Si la meta fue “blindar” el proceso electoral del 7 de junio, para después “apretar” a la CNTE y permitir el inicio del ciclo escolar 2015-2016, se logró plenamente.

Los tiempos en la política son esenciales para la instrumentación de medidas, aunque no siempre resulte lógica hasta que se observa la película completa.

Esas duras semanas de concesión a la CNTE lastimaron la imagen y la reputación de Chuayffet, que fue visto más de una vez como débil, inoperante, ineficaz, incapaz de concretar la implementación de la reforma. Él lo sabe, experimentado político de muchas batallas, fue retirado de la trinchera negociadora para evitar su contaminación personal, y en consecuencia, la de la reforma.

Para quienes trabajamos y estudiamos el sistema educativo, formamos maestros, impulsamos cambios de paradigmas pedagógicos, la gestión de don Emilio resultó, muchas veces, incomprensible. Asilado, encapsulado en su despacho, trabajador intenso de la vieja guardia, se negó a dialogar con los actores, con los protagonistas de sistemas y modelos. No recibió en tres años prácticamente a ninguna organización de la sociedad civil impulsora o promotora de la calidad educativa. Se jactaba de que había una larga lista de rezagos y de esperas en su agenda.

Muchos mexicanos comparten la premisa de que el principal instrumento de transformación social consiste en la educación, una nueva, plural, abierta, dialogante educación, que construya conocimientos y desarrolle habilidades y competencias para la vida.

Chuayffet no fue esa autoridad abierta y dialogante, no fue un interlocutor dispuesto a alimentar o enriquecer propuestas y modelos diseñados en los pasillos de la secretaría, con las visiones y experiencias de muchos grupos y modelos que en México han intentado cambios profundos.

Adiós don Emilio, le deseo la pronta recuperación de su salud. Me hubiera encantado que aceptara una de las muchas solicitudes de entrevista y de diálogo que en tres años hice a su oficina.

Cumplió usted con la tarea política de colocar al gobierno como autoridad máxima en la educación pública. La educación ha vuelto a la “potestad del Estado”, sólo que los dueños de esa educación, don Emilio, somos los mexicanos, todos: los padres, los maestros y sobre todo los estudiantes, no los funcionarios, los líderes sindicales o los negociadores gubernamentales.

El diálogo y el trabajo colaborativo –premisa central de la pedagogía del siglo XXI– hubieran sido fructíferos y productivos.

Twitter:
 @LKourchenko

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