Opinión

Adiós BAT

   
1
  

   

bandera EU

Sujetos a altísimos impuestos, los productos estadounidenses han perdido competitividad en los mercados mundiales. Sus ventas al exterior son raquíticas si se comparan con las de China o Alemania. En cambio, las compras a esas mismas naciones son crecientes, dejando un inmenso déficit comercial.

No podía ser de otra forma porque el sistema impositivo actual, a diferencia del de la mayoría de sus socios comerciales, penaliza la reinversión y la exportación. Así mismo, al permitir deducir las contribuciones cubiertas en el extranjero, incita a sobrefacturar las adquisiciones que hacen las subsidiarias y a manipular los precios intracompañía.

Los fabricantes foráneos tienen alicientes para exportar a Estados Unidos y competir ventajosamente con los industriales domésticos. En contraste, las firmas americanas tienen incentivos para llevar sus plantas a jurisdicciones de baja fiscalidad y mano de obra barata, dejando cesantes a miles de obreros y en la ruina a muchas ciudades. Tienen estímulos para dejar sus sedes corporativas y sus utilidades en paraísos fiscales, privando de capitales a los inversionistas y de ingresos a la hacienda pública.

La reforma que se está procesando en el Capitolio pretende dotar de un nuevo marco tributario a las corporaciones, aminorar sus cargas y evitar las desviaciones señaladas.

BORDER ADJUSTED TAX

El Impuesto Ajustado en la Frontera es un mecanismo impulsado por los republicanos conservadores en la Cámara de Representantes. Consiste en cambiar la forma en que se calcula el impuesto corporativo, gravando las ventas en lugar de las utilidades. Para ese efecto no importa dónde se produce, sino dónde se consume. El gravamen se aplica a los productos provenientes de cualquier parte, pero su monto se ajusta de acuerdo al sector económico al que correspondan.

Esto implica que un conglomerado que fabrica para el mercado local o internacional no lo paga (goza de un subsidio), mientras que otro, que despache mercancías a Estados Unidos, lo tiene que cubrir. Además, la introducción de materias primas o insumos intermedios a ese país no tiene posibilidad de deducción.

Lo que se intenta es evitar la salida de actividades, empleos y capitales, corregir la balanza comercial y evitar la evasión fiscal.

Como en toda decisión económica, hay beneficiados y perjudicados. El BAT pone contentos a los que exportan e histéricos a los que importan. Dado que un tercio de los bienes durables que se comercian en el vecino país proviene de fuera de sus fronteras, no es muy popular. De aprobarse, se afectarían las cadenas de suministro y se encarecería la gasolina, los electrodomésticos, la ropa y los artículos de uso cotidiano. Eso explica el intenso cabildeo para descartarlo por parte de las refinerías y los grandes supermercados y almacenes.

Si en este momento J.C. Penney o a Wal-Mart llevan de Vietnam a Houston una camisa o un juguete a un costo de 40 dólares y lo venden en 50, liquidan cargas por su ganancia (10 dólares). De aprobarse el ajuste tendrían que pagar sobre la base de los 50, cinco veces más.

Quienes se oponen apuntan que esta iniciativa va en contra de las reglas de la Organización Mundial de Comercio y que, de ponerse en vigencia, desencadenaría una guerra de tarifas. Insinúan que se corren muchos riesgos porque nunca se ha ensayado algo así.

Los defensores del BAT alegan que los consumidores no resultarían tan afectados, porque al reducirse la demanda de importaciones disminuiría la fuga de dinero y el dólar se apreciaría. Es decir, tendría más poder adquisitivo, neutralizando el incremento de precios. Señalan que en todas partes se hacen ajustes para privilegiar a las exportaciones. Indican finalmente que los ingresos que produciría el ajuste (cien billones de dólares al año) ayudarían a cubrir el déficit que ocasionará el recorte de impuestos.

Desde hace un año, cuando el vocero de la mayoría republicana, Paul Ryan, presentó formalmente la idea, la polémica no ha cesado y ha sido imposible planchar un acuerdo. Los republicanos en el Senado no la creen viable ni útil y el presidente la califica de “muy complicada”. Este martes el mismísimo Ryan omitió referirse a ella al dar un importante discurso en la National Association of Manufacturers. Todo indica que hasta su principal promotor se ha convencido de que el BAT es el mayor obstáculo para conseguir que el resto de la reforma pase en el otoño.

También te puede interesar:
Circo legislativo
Carbón, empleos y ambiente
Cada uno por su lado