Opinión

Adiós a uno de nuestros referentes morales


 
Si el mundo tuvo un referente moral en el largo camino del siglo XX al XXI ése fue Nelson Rolihlahla Mandela, el hombre nacido en Transkei, futuro bantustán creado por el perverso sistema del apartheid para proyectar al exterior la imagen de una Sudáfrica donde los pueblos nativos podían vivir, con “independencia”, dentro de su “territorio patrio”.
 
El régimen racista estableció Transkei en 1976, junto a Ciskei; en su breve existencia ––en 1994 fueron abolidos–– ambos “Estados” medraron en el aislamiento gracias a la voluntad indeclinable de lucha de Mandela y terminaron por convertirse, como Soweto, Sharpeville y los demás guetos reservados para las mayorías xhosas, swazis, vendas, sothos y zulúes del extenso país arcoíris, en sinónimo de un modelo anacrónico e inviable, surgido del esclavismo.
 
Frente a las aberraciones de la segregación, el gran éxito de Mandela, quien en los años sesenta organizó la guerrilla, fue apostar por una transición negociada, que luego emularía en cierta forma Mijaíl Gorbachov, ofreciendo a la minoría blanca la conservación de sus privilegios económicos a cambio de ceder el mando político. La fórmula dio buenos resultados, la estabilidad regional se afianzó y Sudáfrica es la mayor economía del continente, si bien ocupa el séptimo puesto por paridad de poder de compra y la cuarta parte de sus 53 millones de habitantes esté desempleada y sobrevive con menos de 1.25 dólares diarios, lo que habla de una enorme deuda social pendiente.
 
 
Revolucionario
 
 
Mandela pactó con Frederik de Klerk el fin del apartheid y la continuidad del sistema capitalista, pero no olvidó sus orígenes revolucionarios; de ahí que mantuviera su estatura como la conciencia del mundo, al rechazar la invasión de Irak y subrayar que “si hay un gobierno que ha cometido atrocidades indecibles, ése es el de Estados Unidos”. George W. Bush y Tony Blair, añadió, socavaron a Naciones Unidas; “¿Será porque su secretario general ahora es un negro?”, cuestionó. La comunidad internacional siempre necesitará a alguien que se atreva a hablar como Mandela.