Opinión

Adiós a los recursos que vienen del crudo


 
 
Un gran telón de fondo cuando se discutan las reformas fiscal y energética es lo que va a ocurrir con el mercado petrolero en los siguientes años.
 
Uno de los cambios más importantes en el mundo de la energía será la presencia de Estados Unidos como potencia energética y posible exportador neto de hidrocarburos antes de que termine esta década.
 
De acuerdo con las proyecciones oficiales del Departamento de Energía en Estados Unidos, que son más bien conservadoras, la producción doméstica de crudo crecerá en 37 por ciento para 2020, lo que significa un aumento de 4.36 millones de barriles por día, equivalente a 1.74 veces la producción total actual de México.
 
En contraste, las importaciones de crudo van a bajar en 25 por ciento, lo que implica una caída de 5.1 millones de barriles diarios, casi cinco veces el volumen exportado por el país anualmente.
 
No se puede saber con exactitud en qué proporción bajarían las compras que hace a nuestro país, pero considerando que lo hicieran sólo en el promedio en el que bajan sus importaciones totales (lo que también es una suposición optimista en función de lo que ha ocurrido en los últimos años), habría una reducción de 180 mil barriles diarios en las ventas al mercado de EU.
 
Considerando precios del crudo estables en términos reales, esto probablemente signifique al menos una pérdida de ingresos fiscales del orden de 80 mil millones de pesos al año.
 
Insisto en que todos estos escenarios son más bien optimistas. Si se acelera la producción de crudo o si el mercado se deprime más por efectos de eficiencia energética en diversas industrias, entonces la caída sería aún mayor.
 
¿Cómo afecta esta tendencia a las reformas fiscal y energética próximas a discutirse?
 
En el caso de los cambios legales en materia de petróleo y gas, el tema es que no se puede actuar como si el mercado de hidrocarburos –petróleo y gas principalmente- pudiera esperar indefinidamente hasta que nos pongamos de acuerdo en cómo dinamizar la producción o que Pemex pudiera desarrollar capacidades propias sin asociarse con terceros.
 
Completamos ya una década con una tendencia a la baja en la producción y está claro que sin cambios de reglas –los que sean pertinentes- no se va a revertir esta caída ni en el mediano plazo.
 
Pero quizás un tema más delicado tenga que ver con la reforma fiscal.
 
Aun si no se quisiera incrementar el monto de los recursos fiscales totales, sólo para mantenerlos estables se requeriría una recaudación adicional por parte de los ingresos no petroleros.
 
La caída real de los ingresos petroleros ya fue de 4 por ciento entre 2008 y 2012 y en este año van bajando otro 8.6 por ciento real hasta mayo.
 
Si adicionalmente se busca incrementar el flujo de recursos en manos del gobierno para asignarlos a política social o infraestructura, entonces es probable que la reforma fiscal pretenda una recaudación adicional del orden de los 500 a 600 mil millones de pesos, al menos en el mediano plazo.
 
Y esto sólo podrá lograrse a través de una combinación de incremento en el número total de contribuyentes y una elevación de la tasa que pagan los segmentos con más potencial de recaudación como las empresas o las personas físicas con ingresos medios y altos.
 
La reforma energética, sea cual sea, probablemente sea muy polémica, pero sin duda no lo va a ser tanto como la fiscal.
 
Es muy probable que el próximo año ya no escuchemos reclamos respecto a la falta de gasto por parte del sector público. Más bien lo que vamos a oír son los reclamos por la carga adicional que tendrán que soportar las empresas formales y las personas físicas.
 
 
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