Opinión

Adiós a los partidos

 
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Partidos políticos.

Me encantaría afirmar la sentencia que da título a esta columna como un hecho consumado. No lo es, aún, pero existen signos crecientes del desgaste, desconfianza, me atrevería a decir incluso rechazo y desprecio por parte de la ciudadanía hacia los partidos políticos.

En general, los partidos han sido incapaces de responder a las demandas y necesidades del electorado. No es un problema exclusivo de México, vea usted el desgaste en España, la crisis en Francia, la debacle en Estados Unidos y tantos otros.

Estas organizaciones se distancian del electorado, construyen agenda a partir de sus propios intereses políticos, y se convierten a la postre en mecanismos de ascenso y construcción de círculos y grupos de poder, fortunas personales y tráfico de influencias. Un ejemplo de la democracia occidental.

En México el PRI se derrumba en el precipicio del descrédito ante los casos de los Duarte, Medina y tantos otros. Eso no significa su derrota en las urnas –ahí tiene usted sus vigorosos y competitivos números en el Estado de México– pero su auténtica credibilidad, el respeto de la ciudadanía, están perdidos. Desperdiciaron esta oportunidad histórica de regresar al poder después de 12 años, con una aparente renovación que resultó ficticia. Observamos con pena más avaricia y revanchismo, que verdadero deseo de renovación.

El PAN fue incapaz de limpiar la casa, de que aquella prometida y difundida Comisión de la Verdad y la Justicia cumpliera con expulsar y señalar a los Villarreales, los Padrés, más los que se acumulen. El presidente Anaya falló al ir a fondo en esa tarea y prefirió el juego de los espejos y las apariencias.

El PRD se resiste al fin, pero padece el calvario del abandono, del rechazo, del desconocimiento de sus correligionarios. Se partió por las divisiones internas, por la falta de unidad ideológica, política, partidista.

Los eternos feudos de poder empujaron a que ese partido, el auténtico de una izquierda unificada, sucumbiera al presupuesto, al hueso, a los dineros de las concesiones y los contratos.

Del Verde, apéndice vergonzoso del PRI, no vale ni siquiera más de tres líneas que decir. Se convirtió en negocio y concesionaria desde su rompimiento con el gobierno de Fox y la renuncia a una auténtica vocación de servicio. El Verde carece de identidad, de ideario, de programa y plataforma política. Son todas las que el PRI dicte en el momento de la coyuntura.

El PT y Movimiento Ciudadano son entes que han surfeado las olas electorales. Se han acomodado en el contrapeso de las fuerzas, la combinación de los números y el cálculo del porcentaje legal para la sobrevivencia. Buen negocio, da para alimentar movimientos en distintos estados.

Morena, lo sabe el país entero, es el movimiento de un solo profeta, de un solo pastor, de una sola ideología, programa político y visión del mundo.

Ninguno de los anteriores es un foro de debate, un espacio de discusión y construcción de ideas para renovar el país. Son organizaciones que establecen mecanismos –medianamente ordenados (excepto Morena)– para la lucha interna de grupos políticos, para el acomodo de fuerzas, para el impulso de carreras, en esencia pues, para mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Mentir es lo de menos. Vea usted al señor Del Mazo defendiendo a Eruviel Ávila y diciendo que el Estado de México es el más seguro del país: hace falta cinismo ante la evidencia de los feminicidios y de la violencia.

Los partidos dominan al sistema, controlan los debates, manejan los comicios, someten el INE y no se diga al Congreso. No hay iniciativa que los investigue, que les exija rendimiento de cuentas, que avance en la desaparición del fuero. Y ahí hay una larga cadena de vergüenzas que van desde el diputado Tarek Abdalá –protegido del PRI ante el fraude veracruzano– o el inolvidable diputado Godoy del PRD introducido en una cajuela y oculto en una oficina.

Los partidos políticos de México no merecen un solo voto de la ciudadanía, por su complicidad con el poder, con el encubrimiento complaciente, por la retórica electorera que distrae y engaña.

Busquemos al independiente que México necesita. Hoy surgen nombres interesantes, atractivos. Pero el sistema está hecho por y para los partidos, no para que ningún reticente arrepentido les arrebate la jugada. Sólo está en el electorado y en la sociedad civil romper con este sistema partidocrático, ineficiente, corrupto y encubridor.

Twitter: @LKourchenko

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