Opinión

Adicto al trabajo

      
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Adicto al trabajo

“El trabajo es todo para mí y lo único que me motiva es que mi familia esté bien y tenga todo lo que necesita. Estoy harto de los reclamos, me siento incomprendido. Si trabajo tanto es para generar un patrimonio sólido y no para huir de mi casa ni como pretexto para no ver a mi madre ni a mis amigos más que unas cuantas veces al año.

Trabajo 18 horas diarias, a veces 20. Dormir 4 me basta para recuperarme. No entiendo a la gente que va lento y sin objetivos. Trabajo para estar tranquilo en el futuro sin preocuparme por el retiro y la vejez. No sé qué sería de mí si no tuviera tantas cosas que hacer, tantos negocios que cerrar y tantos proyectos nuevos que poner en marcha. Hay que hacer que las cosas ocurran porque alcanzar metas no llega de la nada, hay que sacrificar tiempo con la familia, con los amigos o el tiempo que cuando era joven e irresponsable usaba para jugar futbol o para ir a ciclos completos de cine francés.

La verdad es que casi no puedo dormir: sueño con los clientes, con contratos que se caen, con catástrofes financieras que no puedo detener y que destruyen todo lo que he logrado con el esfuerzo de años. El día debería tener 36 horas, mínimo.”
(Juan, 42 años)

La Universidad de Bergen en Noruega ha publicado un estudio en el que participaron 16,246 adultos, sobre la correlación entre la adicción al trabajo y desórdenes psiquiátricos.

Los resultados arrojan que los adictos al trabajo calificaron significativamente más alto que los no adictos en Déficit de Atención con Hiperactividad, Trastorno Obsesivo Compulsivo, Ansiedad y Depresión.

Los adictos al trabajo solo pueden pensar en cómo pueden liberar más tiempo para trabajar. Si habían planeado trabajar 10 horas, terminan siendo 18 o más. Declaran que el trabajo les ayuda a sentirse valiosos, con mejor autoestima y para reducir sentimientos de culpa, ansiedad e impotencia. Dicen también que el trabajo es un antidepresivo que los aleja de pensar en asuntos desagradables. Los otros les dicen que trabajen menos pero jamás les hacen caso; los fines de semana suelen ser un tormento: ¿Quién quiere ir a museos o a caminar a un bosque cuando hay tanto trabajo pendiente?. Tienen algunas enfermedades físicas derivadas de su forma adictiva de trabajar: hipertensión, dolor de cabeza crónico, desórdenes digestivos, insomnio. Es el precio de trabajar sin parar, piensan.

La adicción al trabajo presenta la misma dinámica de otras adicciones, causando cambios en el estado de ánimo, una tolerancia cada vez mayor a trabajar más horas y aislamiento.

La adicción es una estrategia defensiva para evitar sentimientos de impotencia, para compensar (sin éxito) el vacío interior, la baja estima propia, el sentimiento de no pertenecer, las dudas, la ansiedad. El trabajo realizado adictivamente sirve para sentirse aceptados, con más confianza y en “total control” de la vida.

Es una paradoja: alguien que trabaja sin descanso utiliza el trabajo para aliviar, aunque sea temporalmente, el dolor emocional. El adicto al trabajo es incapaz de autoconsuelo, tiene un problema con la autoregulación, es decir que no puede enfrentar las emociones negativas, por lo que también usa el trabajo como huida, como automedicación para la ansiedad y para otros trastornos del afecto. Es incapaz de relajarse y de disfrutar de lo que ha logrado.

Se sabe que cualquier adicción es un síntoma de problemas emocionales profundos.

La adicción al trabajo es una maniobra evitativa que afecta las relaciones e intereses que no tienen que ver directamente con trabajar, que despoja de la libertad para decidir qué hacer con el propio tiempo y que no produce felicidad. Sirve para evitar las relaciones, para ser inaccesible y para mandar el mensaje de que más vale que se tengan bajas expectativas sobre su capacidad de cercanía, porque “siempre tiene que trabajar”.

La adicción al trabajo es una enfermedad con alto reconocimiento y recompensas sociales. El discurso que sostiene que el adicto al trabajo lo hace por su familia y para darles lo mejor, valida un modo de vida útil para el sistema capitalista, sin considerar los costos de salud física y emocional.

La terapia para trabajar este tipo de adicción debe ser una en la que el adicto pueda acceder a aspectos hasta ahora inaccesibles de su vida emocional, al aumentar su capacidad de reflexión y al disminuir la autocensura y la autovigilancia. El adicto, para curarse, tendría que aprender a identificar otras formas de manejar emociones difíciles, tendría que entender de qué huye y por qué ha convertido al trabajo en el eje único de su vida.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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