Opinión

Además, se roban los exámenes

Con la novedad de que se robaron el examen, luego lo vendieron y más tarde aparecieron los reactivos en forma de acordeón durante la prueba de la carrera magisterial presentada por maestros de Chiapas y Yucatán. La SEP decidió cancelar el examen nacional (al-al). Nadie podrá decir que Gamés se ha obsesionado con el tema de los maestros de la CNTE y el SNTE. Gamés lo leyó en su periódico Reforma: una empleada fue asaltada en la carretera de Chilapa: “La razón de la cancelación obedece a que el viernes 30 de mayo, durante el traslado de los paquetes de dicho examen, fueron robados 131 (…) Se ha descubierto que el mismo examen robado apareció en los estado de Chiapas y Yucatán por lo que se advierte la difusión de dicho documento con intenciones delictivas y que ha sido intercambiado en diversas entidades federativas”.

Muy bonito: maestros que compran el examen, que bloquean la Autopista del Sol, que apedrean edificios públicos, que paralizan el tránsito de la Ciudad de México, que toman el Zócalo. Estas son pruebas irrefutables, eso sí, de que era urgente una reforma educativa, por lo menos, para ordenar el enorme desmadre impune del sindicalismo del magisterio. La pregunta obvia: ¿qué pueden enseñar estos maestros a los niños? Eso: a resolver el problema que consiste en robar exámenes, sumar pedreas, restar calles de libre tránsito, la geografía de la impunidad. Aigoeeei.

Los imperdonables

Este desastre de los maestros va para largo, eso que ni qué. Van a perdonar a Gil, pero se impone la pregunta: ¿son o no son los líderes de la CNTE y sus afiliados una banda de malhechores, chantajistas y corruptos? Dirán la misa, que si sólo unos cuántos, que si el noble magisterio de la enseñanza. El sereno, pero estamos ante un grupo social impresentable e indomable (able-able). Comprar un examen es un acto de deshonestidad intelectual, se le llama copiar, es decir, robar. El maestro copia y roba para acreditar mediante la trapacería un cargo que no merece: dar clases, acercar el conocimiento a los niños. ¿Cómo ven a Gamés en el papel de Justo Sierra? Qué, dice Gil, el papel de Justo Sierra, Enrique Rébsamen; qué Rébsamen ni qué nada, el mismísimo Ignacio Manuel Altamirano, en fon, qué Altamirano ni qué ojo de hacha, el mismísimo Vasconcelos. En su papel de Gabino Barreda, Gamés caminó por el amplísimo estudio y meditó: ahí tienen ustedes los estragos del priismo sumados a la ineptitud de doce años de panismo.

Menos exaltado por los nombres de grandes educadores, Gilga leyó esto en su periódico Reforma: “Las autoridades educativas de Chiapas tuvieron conocimiento, mediante grabaciones, que algunas personas ofrecían en venta los llamados acordeones para resolver los exámenes y se procedió a levantar actas ante el Ministerio Público”. Se vende barato el examen de la carrera magisterial. ¿Le entras? Poninas, ni se diga, ¿de a cómo va a ser? 2 mil. Na, ni que fuera el examen de Einstein, te dos un docientón. Viene, y nadie nos ha visto juntos.

Así se enteró Gamés de que el estímulo salarial de la prueba “puede ir desde un 25 por ciento hasta un 200 por ciento más de aumento”. ¿Y de dónde vienen semejantes, monstruosos estímulos? Muy sencillo, de las negociaciones entre el sindicato y las autoridades educativas. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Los invencibles

Gil abrió en el amplísimo estudio el frasco de las sospechas y éstas esparcieron por la habitación la fragancia de la duda razonable. ¿Los maestros de la CNTE son invencibles? Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: si lo que vemos, leemos y atestiguamos tiene que ver con eso que llaman realidad, la presencia de la CNTE parece más puesta que nunca en la vida pública y educativa. Gamés no quisiera ser pesimista, pero después de meses de oponerse a la reforma su fuerza ha crecido, oh, sí. La reforma no le ha quitado ni un pelo al gato rabioso del magisterio. Por piedad, que alguien desmienta a Gamés.

La máxima de Chateaubriand espetó dentro del ático de las frases célebres: “La verdad política, cualesquiera que sean sus formas, no es más que el orden y la libertad”.

Gil s’en va