Opinión

Acuerdo comercial del Pacífico, pocos beneficios y muchas preguntas

 
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Paul Krugman. Acuerdo comercial del Pacífico: pocos beneficios, muchas preguntas

Hace poco estuve en Washington dando una charla ante la Asociación Nacional de Economistas de Negocios. El tema fue el Acuerdo Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés) las diapositivas de mi presentación pueden verse aquí: bit.ly/1B7nVMQ).

Para no mantenerlo en suspenso, no lo apoyo. No creo que la propuesta probablemente sea el terrible pacto destructor de empleo que afirman algunos progresistas, pero no parece ser algo bueno para el mundo, ni para Estados Unidos; y hay que preguntarse por qué la administración Obama consideraría dedicar cualquier capital político a lograr que el acuerdo sea aprobado.

Me alegró ver que Larry Summers, el exsecretario del Tesoro, opinara sobre el mismo tema a principios de mes en una columna para The Financial Times. Luego de leer su artículo (disponible aquí: on.ft.com/1AT2TB) quizás se pregunte: ¿El Sr. Summers se declaró a favor o en contra del acuerdo? La respuesta, según creo, es que básicamente apoya una versión idealizada del TPP que no existe, y está en contra del TPP que de hecho parece estar sobre la mesa. Y eso significa que él y yo estamos en un punto similar.

Entonces, con respecto al acuerdo. Lo primero que debe saber es que casi todo mundo exagera la importancia de la política comercial. En parte, creo, esto refleja la “globalocura”: hablar de comercio internacional suena glamoroso y progresista, así que todo mundo quiere que sea la pieza central de sus comentarios.

También hay una rara dinámica que involucra al papel del comercio internacional en la historia de la economía. La ventaja comparativa fue uno de los primeros ejemplos clásicos de cómo el razonamiento económico puede llevar a resultados correctos, pero no obvios; naturalmente, los economistas siempre han querido que esta victoria intelectual también sea importante en el mundo real. Esto ha llevado a una dinámica peculiar: la ventaja comparativa dice “¡Arriba el libre comercio!”, pero también sugiere que una vez que el comercio ya está bastante abierto, las ganancias de abrirlo más son pequeñas. Pero como los economistas quieren seguir gritando “¡Arriba el libre comercio!”, buscan causas por las que esas ganancias pudieran ser más grandes, pese a que las historias que terminan diciendo son inconsistentes con el modelo competitivo que para empezar sirvió de base para su defensa del libre comercio.

Un mal empleo particular del sentimiento de “arriba el libre comercio” es el esfuerzo persistente por convertir al proteccionismo en causa de las depresiones económicas, y la liberalización comercial como ruta de recuperación. ¿Cuántas veces ha visto el gráfico radial de Kindleberger mostrando la caída del comercio mundial en los primeros años de la Gran Depresión, que posteriormente se invoca como que muestra los peligros del proteccionismo (vea diapositiva dos de mi presentación)? De hecho, no muestra eso.

El hecho es que el comercio actual es bastante libre, y las estimaciones de los costos del proteccionismo con modelos estándares sugieren que son bastante chicos. Las restricciones comerciales simplemente no son un lastre importante para la economía mundial en estos días, así que las ganancias de la liberalización deben ser pocas.

¿Qué hay respecto al TPP? Sigue habiendo barreras importantes en la agricultura, pero los defensores del acuerdo están apuntalando gran parte de su caso en los servicios, donde hablamos de cuestiones de acceso más difusas. Entonces, ¿cuánto podría valer romper algunas de esas barreras? He estimado que la “hiperglobalización” (la expansión del comercio mundial a niveles inusitados desde 1990) ha sumado aproximadamente 5.0 por ciento al ingreso mundial. Es una combinación de todo: “contenerización”, drástica liberalización comercial en países en desarrollo, el internet. Un mejor modelo pudiera ser la Ley de Mercado Único de Europa, que la Comisión Europea actualmente estima que sumó 1.8 por ciento a los ingresos reales.

Y Europa, que tiene una geografía compacta y el tipo de instituciones y cultura compartidas (así como transparencia) que permiten alcanzar mayor acceso, sin lugar a dudas es un mejor caso que el diverso y desparramado grupo de países que participan del TPP. Sostendría que es implausible afirmar que el TPP pueda agregar más de una fracción de uno por ciento al ingreso de las naciones involucradas.

No es que estas ganancias sean nada, pero aquí estamos hablando de un acuerdo que sacudirá al mundo.

Entonces, ¿por qué algunas partes quieren tanto este acuerdo? Porque al igual que con muchos acuerdos “comerciales” de los últimos años, los aspectos de propiedad intelectual son más importantes que los aspectos comerciales. Documentos filtrados sugieren que Estados Unidos está intentando asegurar protecciones radicalmente mejoradas para patentes y derechos de autor; esto tiene que ver en gran parte con apaciguar a Hollywood y a las compañías farmacéuticas, no a los exportadores convencionales. ¿Qué pensamos de ello?

Bueno, nunca deberíamos olvidar que proteger la propiedad intelectual significa crear un monopolio; dejar que los dueños de una patente o derecho de autor cobren un precio por algo (el uso de conocimiento) que tiene cero costo marginal social. En ese sentido directo, esto introduce una distorsión que hace que el mundo sea un poco más pobre.

Por supuesto, hay una compensación en forma de mayor incentivo para crear conocimiento, motivo por el cual tenemos patentes y derechos de autor en primer lugar. ¿Pero realmente pensamos que incentivos inadecuados para crear medicamentos nuevos o películas nuevas son un problema importante en este momento?

Alguien pudiera sostener que es de interés mejorar la protección a la propiedad intelectual incluso si no es bueno para todo el mundo, porque en muchos casos son las corporaciones estadounidenses las dueñas de los derechos de propiedad. ¿Pero realmente son firmas estadounidenses en algún sentido significativo? Si las grandes farmacéuticas logran cobrar más los medicamentos en países en desarrollo, ¿los beneficios fluyen de regreso a los trabajadores estadounidenses? Probablemente no.

Lo que me lleva a mi último punto: ¿Exactamente por qué la administración Obama debería gastar cualquier capital político en este acuerdo?

Twitter: @NYTimeskrugman

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