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Internet Explorer será sustituido por un project Spartan, un nuevo buscador que se adaptará a las exigencias de la nueva web. (Bloomberg)

Ya es lugar común la afirmación de que en los últimos 20 o 25 años se ha producido más información que en los 10 mil años anteriores. Variantes de este concepto apuntan a que cada año generamos más información que la acumulada por milenios, o que basta un día para producir lo que antes requería un siglo. Todas estas comparaciones son un poco forzadas y exageradas, y por ello muchas personas simplemente las ignoran. Hoy se acumula información en www que antes no existía, y tienen acceso a ella cientos, si no es que miles de millones de personas, que superan la población total del planeta hasta inicios del siglo XIX. Así que las comparaciones no parecen significar mucho.

Sin embargo, creo que hay mucha más verdad en esas afirmaciones de lo que uno se imagina. En los últimos 20 o 25 años, varios campos de conocimiento no sólo han generado una cantidad muy importante de información, sino de conocimiento, es decir, interpretaciones muy diferentes a partir de esa nueva información. Esto no ocurre en todos los campos del conocimiento, pero sí en un muchos de ellos, y me parece que, más allá de algunos temas espectaculares, ese nuevo conocimiento no ha llegado al público en general, y ni siquiera a las escuelas. Y eso sí es importante.

Por ejemplo, en los últimos 25 años se han descubierto y estudiado cerca del 30 por ciento de los fósiles de antepasados humanos, pero la interpretación de nuestra evolución se ha transformado notoriamente: al menos tenemos ahora tres nuevos géneros (sahelantropus, orrorin y ardipithecus) y dos especies (floresiensis y denisovan). En ese mismo lapso, se ha creado un mapa de ADN que ha permitido entender mejor nuestro pasado y corregir muchas ideas erróneas.

Algo similar ha ocurrido con la arqueología prehistórica. Aunque muchos de los sitios habían sido descubiertos antes, en realidad fueron trabajados en estas décadas recientes, y nos permiten ahora entender mucho mejor cómo es que la agricultura no es causa del sedentarismo, sino al contrario, y cómo fuimos domesticando plantas y animales, y con ellos, a nosotros mismos. El descubrimiento de Göbekli Tepe, el trabajo en Catal Hüyük, o la reinterpretación de la cultura Kebariense son buenos ejemplos.

Pero las nuevas interpretaciones, producto de más información, pero también de su mayor accesibilidad, no terminan en ese pasado remoto. La forma en que ha cambiado nuestro entendimiento del Imperio Romano, su final, y eso que seguimos llamando Edad Media, es verdaderamente impresionante. Para los interesados, los libros de los dos Pedros creo que son el mejor camino de inicio: Peter Heather y Peter Brown, especialmente lo publicado por ellos en los últimos tres años.

Todavía más cerca, la interpretación actual del fenómeno que llamamos Revolución Industrial es totalmente distinta de la que se tenía a inicios de los años noventa. Ya no detallo más aquí, pero en El fin de la confusión lo hago, y con amplia bibliografía, para el que guste abundar en el tema.

Con sólo estos cuatro ejemplos, queda claro que lo que sabíamos hace 25 años ha sido totalmente rebasado. Y eso ya rebasaba por mucho lo que se conocía apenas 100 años antes. Pero no hemos podido diseminar ese conocimiento adecuadamente, como espero mostrarle.

Twitter: @macariomx

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