Opinión

Acoso sexual, enseñanza para México

   
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#MeToo, el hastag contra el acoso

Por décadas Hervey Weinstein, famoso y poderoso ejecutivo de Hollywood, presidente de Miramax y The Weinstein Company, con más de 300 nominaciones al Oscar, abusó de decenas de actrices o aspirantes. En un demoledor artículo en el semanario New Yorker, Ronan Farrow, entrevista a 15 de sus víctimas, pintando un panorama de abusos que literalmente dan ganas de ahorcar al depredador.

La caída de Weinstein, a raíz de un artículo del diario The New York Times del pasado 5 de octubre, desató un efecto dominó contra acosadores sexuales: Kevin Spacey, George H.W. Bush e incluso el ministro de Defensa del Reino Unido.

El acoso sexual empezó a ser reportado hace 40 años en Estados Unidos. La legislación y regulaciones para combatirlo han emergido tortuosamente. El acoso fue tipificado como un acto de discriminación hasta finales de los 1990s, pero sigue siendo difícil su persecución, pues por lo general no hay testigos.

La literatura sobre el tema señala que los grandes escándalos como el de Weinstein, o el de la profesora universitaria Anita Hills, quien en 1991 acusó al nominado para la Suprema Corte, Clarence Thomas, de haberla acosado, producen avalanchas de solidaridad con la víctima y picos de denuncias.

A principios de los 90s, mujeres de toda la Unión Americana utilizaban un broche que decía, “Yo le creo a Anita”. En estos días, la solidaridad a las víctimas de Weinstein, entre quienes están Angelina Jolie y Gwyneth Paltrow, produjo millones de mensajes en las redes sociales con el hashtag--Yo también lo he sido.

Hollywood se ha ganado, a pulso, una terrible fama de polo de depredadores sexuales. También los centros noticiosos, especialmente las cadenas de televisión. Bill O´Rilley, por ejemplo, el más popular presentador de Fox News, tuvo que renunciar en abril al darse a conocer que había gastado millones de dólares acallando a las víctimas de sus avances.

Las universidades en Estados Unidos no se han quedado atrás. Los profesores han sabido aprovechar su estatus y ascendiente para abusar, en la mayoría de los casos, de educador a alumna.

En su celo por aplastar todo lo que huele a Barack Obama, pero también porque él mismo es un depredador sexual confeso, Donald Trump, a través de su secretaria de Educación, Betsy DeVos, está revirtiendo los avances de la última administración en los campus universitarios. DeVosestá poniendo trabas nuevamente a la persecución de los depredadores, pues ha rescindidopolíticas sobre acoso sexual que facilitaban los cargos de las víctimas.

Entre los esfuerzos del último gobierno demócrata, destaca la iniciativa del vicepresidente Joe Biden “No significa no”. Biden, con una gran autoridad moral, recorrió decenas de universidades insistiendo, cuando una mujer dice que no, el hombre tiene que detenerse y por ningún motivo utilizar su fuerza física para insistir y forzar una relación sexual.

A pesar de la regresión que implica Trump, las universidades estadounidenses han desarrollado una regulación y toda una cultura para evitar el acoso sexual y la discriminación hacia las minorías. En toda universidad estadounidense, durante el primer año de trabajo, es requerido asistir a una clínica de buenas prácticas para evitar el acoso sexual y la discriminación.

¿Cómo es que en México nunca nos enteramos de grandes acosadores si los mexicanos hemos sido dotados por una buena dosis de machismo? La práctica institucional, tanto de dependencias de gobierno, instituciones noticiosas, así como en las universidades, es la del control de daños.

En lugar de hacer justicia y defender a las víctimas, el propósito es evitar que se afecte el nombre de la institución.

El acoso sexual, me explica Gema Santamaría, especialista en violencia y género, es una realidad en México que se nutre de la falta de conocimiento sobre el fenómeno y que refleja dinámicas de poder que promueven el secretismo, la vergüenza, y la ausencia de denuncia.

Concluyo señalando que, así como en las universidades mexicanas hemos emulado el modelo de investigación estadounidense, ya es hora que nos decidamos a aprender sus prácticas contra el acoso y forjar una cultura que lo impida.

Twitter: @RafaelFdeC

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