Opinión

Acoso entre compañeros de la escuela, ¿inevitable mal de nuestro tiempo?

Dr. Marco Antonio Rigo Lemini*

Dr. Luis Medina Velázquez*

El acoso escolar o bullying es noticia vigente. Desde hace varios meses y particularmente en nuestro país, se habla de él por dondequiera. Resulta motivo de charla entre padres de familia e hijos, polémica entre especialistas, nota radiofónica o televisiva provocadora, tendencia viral en las redes electrónicas sociales y asunto de primera plana en los diarios de circulación nacional.

¿Cuál es la razón de este repentino interés en torno a la violencia dentro de las escuelas, que a veces parece desmedido y que en todo caso no tiene precedentes en nuestra historia reciente? ¿Refleja acaso la aparición o generalización de un fenómeno social inexistente hasta hace poco tiempo dentro de nuestros escenarios escolares? ¿O se trata más bien de consignar un viejo y extendido padecimiento del que se tenía poca conciencia y que cobra ahora mayor relevancia?

Entendemos por acoso escolar al comportamiento agresivo que ejercen uno o varios alumnos en contra de un compañero o grupo de compañeros, normalmente en situación vulnerable, de manera repetida y sin que medie provocación alguna. No es un fenómeno novedoso en absoluto, lo padecemos desde hace mucho tiempo. Suele ocurrir dentro de la escuela pero puede extenderse más allá de sus confines naturales y manifestarse a través de actos de hostigamiento y provocación física, psicológica o verbal.

Los efectos del bullying son perniciosos y hasta devastadores. Entre las víctimas del acoso resulta frecuente la depresión, baja autoestima, aislamiento y, en casos extremos pero cada vez más frecuentes, el suicidio o la búsqueda de venganza homicida. No son menos despreciables las consecuencias que se ciernen sobre aquellos que forman parte del círculo cercano de la víctima, especialmente familiares, parejas sentimentales y amigos íntimos, que terminan padeciendo en carne propia la hostilidad experimentada por el ser querido.

El asunto del acoso y del ciberacoso no es menor ni prescindible. Debe preocuparnos a todos porque a todos nos afecta. Desde la mirada relativamente distante del adulto, muchas veces resulta difícil comprender lo dolorosa que llega a ser la vivencia del acosado y qué tan profundas las huellas causadas por esta experiencia en quien la padece. Debemos tomar cartas en el asunto y evitar que sea solamente un tema de moda, al que se atiende porque aparece recurrentemente frente a nuestros ojos. No hemos de cruzar los brazos despreocupadamente cuando sabemos de casos en que los alumnos son acosados de manera presencial o virtual. Conocer con mayor detenimiento esta problemática y la sintomatología a través de la cual se manifiesta, comprender algunas de las circunstancias que parecen condicionarla, asumir vigorosamente las posibles alternativas para prevenirla y confrontarla en el caso de que resulte necesario, son verdaderas obligaciones morales de nuestro tiempo para todos quienes nos preocupamos por la educación de las nuevas generaciones.

* Centro Anáhuac de Investigación y Servicios Educativos.