Opinión

Acontecimientos sociales y crecimiento económico

Curiosamente, uno de los elementos que más llamó la atención de los medios respecto al comunicado de política monetaria del viernes pasado no tuvo que ver con el contenido tradicional. De hecho, destacó la referencia a los recientes acontecimientos sociales en el país y el riesgo de que éstos se traduzcan en una afectación en las expectativas de los agentes económicos.

Pongamos tal referencia en el contexto adecuado. De hecho, hubo dos elementos nuevos al balance de riesgos inflacionarios en el comunicado del 31 de octubre. Por un lado, los riegos al alza que significa la probabilidad de un aumento en el salario mínimo superior a la inflación y al incremento en productividad esperada.

Por el otro, los riesgos a la baja sobre la trayectoria de la inflación que podría implicar una evolución menos dinámica de la actividad económica que la prevista asociado a los acontecimientos sociales recientes.

Así, desde mi lectura, ambos elementos fueron señalados como riesgos y no alteran por el momento el escenario del banco central ni de crecimiento económico ni de inflación.

Si bien el tema de los salarios mínimos ya había sido abordado en declaraciones de las autoridades de Banxico y en las minutas de la reunión de política monetaria del pasado 5 de septiembre; la referencia a la temática social fue abordada por primera vez (hasta donde lo he podido identificar) en los vehículos de comunicación de política monetaria.

No obstante lo anterior, tal previsión de riesgo no es algo nuevo. Si nos remitimos a la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado (levantada mensualmente por el banco central local) y seleccionamos la arista de problemas de inseguridad pública; uno puede darse cuenta de que este último factor se encuentra en primer lugar en la lista de elementos que podrían obstaculizar el crecimiento económico de México.

De acuerdo a la encuesta de octubre, el 24% de los analistas participantes considera tal factor como el más importante, seguido por la política fiscal que se está instrumentando (15%) y la debilidad del mercado interno (14%). Este no es un evento nuevo.

De hecho, los problemas de inseguridad ocupan el primer lugar de tal lista de riesgos desde enero de este año. Todavía en diciembre del 2013, la debilidad del mercado externo y la política fiscal instrumentada ocupaban la cabeza de la lista.

En términos de la percepción de riesgo por el factor inseguridad, ésta observó un claro patrón de disminución desde mediados del 2011 hasta alcanzar su mínimo en octubre del 2013 con tan solo 6% de menciones como el principal obstáculo.

De manera paralela, vale la pena mención al que el factor “ausencia de cambios estructurales” como obstáculo al crecimiento económico ha venido mostrando una tenencia a la baja al menos desde 2011, desde posiciones de liderato previo.

Algo similar ocurrió con el factor “inestabilidad financiera internacional”, el cual se ha desplomado desde la primavera del 2012.

Volviendo al factor de inseguridad, y siendo estricto solamente en sus implicaciones económico-financieras, los potenciales canales de transmisión se verían centralizados en su potencial para modificar las decisiones de consumo e inversión ya sea a nivel macroeconómico como a nivel financiero.

Por una parte, la evaluación de los efectos sobre el crecimiento económico no es obvia: La posible afectación tiene que analizarse tanto en términos de modificación de patrones de consumo e inversión como en las fuentes de los recursos con los que se financian.

En lo concerniente a la afectación financiera, quizás esta podría conducirse vía las primas de riesgo país. Es en esta consideración donde vale la pena recordar que los elementos de riesgo están presentes en todas las plazas emergentes, ya sea en la forma de actividad paramilitar, inestabilidad política, narcotráfico, represión financiera, etc.

Así, si bien algunas problemáticas sociales son parte del conjunto de riesgos a considerar en prácticamente todas las economías en desarrollo (recientemente también muy evidentes en el mundo desarrollado), sus efectos sobre la economía y los mercados son complicados de medir (usualmente escurridizos en los ejercicios estadísticos).

No obstante todo lo anterior, coincido en la relevancia de tener foco en el mayor número de riesgos posible en la configuración de nuestros escenarios, aunque la posible afectación de algunos de ellos pudiera no ser de fácil observación directa.