Opinión

Aclarando

  
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Trump

Después de dos semanas del triunfo de Trump, me parece que vale la pena resumir en un solo texto buena parte de lo que hemos comentado, para evitar confusiones. Para ello, hay que hablar de tres cosas distintas: el porqué del triunfo, lo que Trump significa y los posibles efectos.

Primero: reiterar que el triunfo de Donald Trump no tiene una explicación esencialmente económica ni racista. Aunque una parte de sus votos provenga de supremacistas blancos y neonazis, no parece que existan 60 millones de estadounidenses con esta tendencia, a ese extremo. Tampoco la insistente explicación de que los damnificados de la globalización votaron por él parece correcta. Explica más la correlación entre educación y voto: personas con menos educación votaron por Trump (en esto coinciden Nate Silver y Nate Cohn). Esa menor educación, sin duda, puede reflejarse en menor ingreso, pero quienes votaron por Trump fueron mayoría en niveles de ingreso superior a 50 mil dólares al año. Los más pobres votaron por Clinton. El voto por Trump fue, además, de mayores de 40 años que viven en localidades con menos de un millón de habitantes. Creo que la mejor explicación es que este grupo percibe que su mundo está desapareciendo, y que ahora los importantes son los citadinos educados, y por ello su enojo contra los expertos y su voto por Trump. Eso también coincide con el incremento de información errónea que los votantes aceptan para confirmar su decisión. Ahora bien, todos estos votos resultaron relevantes porque los votantes demócratas no asistieron a las urnas. El porqué Clinton logró desanimarlos, teniendo a Trump enfrente, merece estudio aparte.

Segundo: Trump es un patán misógino, racista, abusivo y tramposo. De todo ello hay evidencia abundante. Y aunque no todos los que votaron por él compartan esas características, sí hay miles que son como él. Su triunfo les ha parecido una patente de impunidad para mostrar claramente su desprecio por los demás, en manifestaciones de racismo, neonazis, en la discusión de temas que creíamos superados, etcétera. No es simple coincidencia, puesto que el equipo que Trump está conformando incluye no sólo a un grupo que viene del partido Republicano y a otro de su familia, sino a un tercero que tiene su origen en grupos supremacistas muy conocidos. Hay quienes piensan que no debe darse demasiada importancia a estos grupos, porque son reducidos y escandalosos solamente. Ese error costó millones de vidas hace menos de un siglo. Aunque hay quien lo debate, yo creo que la democracia no debe tolerar la intolerancia, so pena de desaparecer.

Tercero: los efectos. Ya ha anunciado Trump el retiro del TPP, lo que es un enorme golpe al libre comercio y al liderazgo estadounidense en el Pacífico. Nada ha dicho sobre el TLCAN todavía. Tampoco es clara la relación con Europa. Con respecto a los temas domésticos, no hay tampoco claridad. Sin embargo, hay un elemento distintivo en estos días: Donald Trump ha utilizado ya su puesto para beneficio personal, presionando a Argentina (llamada que todavía no es claro si ocurrió o no) y a Gran Bretaña, a través de su amigo Nigel Farage, con quien ya logró que no le pongan una granja de molinos eléctricos frente a su campo de golf (en Escocia), y a quien ya promovió como embajador del Reino Unido en Estados Unidos. Puede no tener relación, pero en todas las reuniones de alto nivel que ha sostenido Trump con jefes de Estado, de gobierno, o de oposición en otros países, ha estado presente su hija Ivanka. El tufo de corrupción que estas dos semanas han producido ya ha llevado a varios a considerar seriamente su desafuero, dos meses antes de tomar posesión.

Así está el abarrote.

Profesor de la Escuela de GobiernoTec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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