Opinión

Aclarando las cosas con respecto a Clinton y el libre comercio

 
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Paul Krugman.

Joel Benenson, la persona que hace los números para Hillary Clinton y que además es su jefe de estrategia, escribió recientemente una publicación interesante en Medium sobre las implicaciones de las primarias presidenciales de Ohio.

Las reglas del juego requieren, por supuesto, que el Sr. Benenson se muestre totalmente positivo con respecto a su candidata y que profese certidumbre sobre el significado de cada victoria que, estoy muy seguro, de hecho no posee.

La verdad es que nadie puede estar exactamente seguro de por qué Ohio fue tan distinto a Michigan, donde ganó Bernie Sanders pese a las encuestas de opinión que pronosticaban una victoria de Clinton. En cambio, la gran enseñanza del éxito de la Sra. Clinton en Ohio a principios de mes fue que el enorme error de muestreo de Michigan fue algo atípico en lugar de un presagio, y que eso, combinado con la gran victoria de delegados de la Sra. Clinton del 15 de marzo, hace que la nominación de Clinton pase de ser altamente posible a abrumadoramente probable.

De cualquier forma, me impactó este fragmento del artículo del Sr. Benenson: “Los residentes de Ohio analizaron detenidamente las afirmaciones del senador Sanders, y las rechazaron. Pese a sus intentos por mostrar a Hillary como una ardiente defensora del libre comercio, Hillary votó en contra del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica (CAFTA, por su sigla en inglés), el único acuerdo comercial multinacional que pasó frente a ella en el Senado de Estados Unidos” (lea aquí el resto de su publicación: bit.ly/1Mmdhhx).

Dudo seriamente que muchos residentes de Ohio hayan estado enterados del voto anti CAFTA de la Sra. Clinton, o siquiera que supieran qué era el CAFTA. Pero yo sí. De hecho, fue parte importante de mi educación en acuerdos 'comerciales' modernos, y ayudó a convertirme en un tibio oponente del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).

Mucho de esto viene de un seminario sobre política comercial que impartí en la Escuela Wilson de Princeton, donde pedí a los estudiantes que analizaran una serie de casos. El CAFTA-DR (también incluía a República Dominicana) fue algo así como una revelación para mí, porque cuando uno lo analizaba detenidamente, comprendía que realmente no era un acuerdo comercial. En cambio, las cuestiones más importantes eran cosas como propiedad intelectual, particularmente la defensa de las patentes farmacéuticas, y esto hacía que fuera un mal acuerdo para Centroamérica, pese al hecho de que sonaba bien.

Y el TPP es otro acuerdo comercial moderno que realmente no lo es, dado que sus cláusulas más importantes tienen que ver con la propiedad intelectual y solución de disputas. La gente de la administración Obama me discute que las cláusulas comerciales son importantes, especialmente para algunos países pobres, y que las partes del acuerdo relacionadas con la propiedad intelectual y solución de disputas no son tan malas como se las presenta. Y concedo que no es un caso cerrado. Como dije antes, tan sólo soy un tibio oponente.

Pero volviendo a la Sra. Clinton y el CAFTA: ¿Es un ejemplo engañoso? De hecho, no; su historial en el Senado fue, en general, de una posición cautelosa y oposición selectiva a los acuerdos comerciales. Estoy seguro que nos van a decir que fue insincero y falso; después de todo, aplican las reglas Clinton.

Pero no fue una defensora en automático del libre comercio.

Twitter: @NYTimeskrugman

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