Opinión

Acepta YouTube pagar regalías por uso de música

 
1
 

 

A Esteban Herrera no le acomoda ser identificado como un pianista de jazz contemporáneo, aunque para fines prácticos se presente así. (Cortesía)

Es posible que la palabra “histórico” resulte en el largo plazo adecuada para calificar la trascendencia del acuerdo alcanzado por la Sociedad de Autores y Compositores de Música con YouTube. Por virtud del acuerdo, la música que sea disfrutada a través de la plataforma digital pagará regalías, mismas que deberán llegar a los autores a través de los mecanismos de distribución que este tipo de Sociedades de Gestión Colectiva observan.

En sí, el acuerdo podría ser visto como uno más de los muchos que este tipo de sociedades celebran con quienes usan o difunden obras protegidas por el derecho de autor, sin embargo, la condición misma de YouTube como la videoteca más prominente en el planeta, le dota de significado particular. El ámbito digital que ha representado internet, por mucho tiempo ha pretendido mantenerse al margen de los sistemas de propiedad intelectual, bajo argumentos escapistas disfrazados de libertad de expresión y acceso a la cultura; este puente, que es además visto como uno de los primeros a nivel internacional, representa un cimiento sólido del inevitable cruce entre los dos mundos.

Tomando este acuerdo como matriz, es predecible que muchas otras organizaciones de autores empiecen a formalizar sus relaciones extramaritales con múltiples plataformas digitales, y que finalmente se alcance la paz entre las partes beligerantes.

Para muchos, el papel de las Sociedades de Gestión Colectiva es francamente injustificado y molesto, bajo el parámetro de su actuación cotidiana; lo que en la doctrina se define como una función garante de los derechos primarios de los autores a través de la representación gremial de su esfuerzo creativo, en la práctica se traduce en la molestia de un representante de la SGC tocando a la puerta de un restaurante para cobrar por el uso de música en el establecimiento.

Si la función de las SGC en el mundo de la creatividad analógica era necesaria, en la dimensión de lo digital se vuelve imprescindible. Para que los autores o ejecutantes de cualquier género de obras puedan monitorear y cobrar las regalías que les corresponden por el uso de música o audiovisuales, deben estar dotados de una serie de artilugios tecnológicos y de organización que solo en lo colectivo es posible operar. Por esta razón, la firma del convenio adquiere también dimensión y sentido.

Más allá de las teorías fundatorias del derecho de autor, que apelan regularmente a la necesidad de retribución económica como forma de estímulo a la creatividad y como simple principio de justicia, hoy debemos reconocer que la privación de la parte de la fracción del precio que corresponde al aporte creativo afecta mortalmente la cadena de valor. En una industria formada bajo los auspicios del talento como materia prima, el edificio completo de las industrias culturales descansa sobre este sencillo componente. Y para países como el nuestro, alentar la comercialización de obras valiosas de sus artistas e innovadores es la forma más básica, y más eficiente, para combatir la pobreza y generar cultura.

También te puede interesar:

Aprueban Diputados Sistema de Oposición de Marcas y lo convierten en Ley

¿Celebramos el día mundial de la Propiedad Intelectual?

Destruye PGR esculturas apócrifas de Marín