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Gasolinazo. (Cuartoscuro)

Se escuchan las voces de algunos presidentes municipales e incluso gobernadores que piden se disminuya el IEPS de las gasolinas; sin embargo, seguramente no han valorado el impacto que esto podría tener sobre los ingresos estatales y municipales, en virtud del peso que ha ido adquiriendo este IEPS en la estructura de la recaudación federal participable, donde se integran los conceptos para calcular las participaciones. Destaca el crecimiento del componente tributario, que en 2016 fue positivo, principalmente por la recaudación del ISR y el IVA, que se incrementó 8.5 real respecto al año anterior y la del IEPS de gasolinas, que creció alrededor de 25 por ciento. El componente petrolero ha ido disminuyendo aceleradamente al pasar del régimen de derechos al del Fondo Mexicano del Petróleo, como ya he tenido oportunidad de comentar.

De 2014 a la fecha el IEPS ha sido el elemento principal para que no se derrumben las participaciones estatales, que han quedado por encima de lo estimado y ello les ha permitido mantener con recursos el seguro que es el FEIEF. Esto lo saben los funcionarios fiscales estatales, aunque quizá no lo tienen claro todos los gobernadores. El impuesto ya existía y reducirlo implicaría un sacrificio para las finanzas de los tres ordenes de gobierno. Deben pensarlo bien.

Creo que es necesario que la Conago asuma una posición común, que los gobernadores establezcan sus mapas de riesgos y definan vías alternas que les permitan sortear de la mejor manera esta crisis. Verlo con un enfoque de economía política. Tienen tres vías, dos son las naturales: mejorar su recaudación y gastar mejor, la otra no es sana, esto es más deuda.

Es evidente que no pueden crear nuevos impuestos, pero sí pueden cobrar mejor los que ya tienen, no obstante su bajo potencial recaudatorio. No seguir desperdiciando facultades cedidas por el gobierno federal, como es el caso del Impuesto a la Tenencia. Antes de 2012 cobraban este impuesto como un acto de colaboración administrativa, era un impuesto federal, administrado por los estados, y lo hacían relativamente bien. Unos mejor que otros, pero bien y su recaudación promediaba un mes equivalente de participaciones, pero con su transformación en potestad estatal, un gran número los llenó de gastos fiscales y algunos ni siquiera lo legislaron, e incluso eliminaron los impuestos estatales para vehículos de más de nueve años, que además cumplen una función extra fiscal de control, como es el caso de los carros chocolate.

Pueden y deben hacer un esfuerzo recaudatorio importante, sin crear nuevos impuestos, sólo cobrando lo que deben hacer ya.

En suma, en 2016 terminaron recibiendo cerca de 16 mil millones de pesos más de lo programado, incluso 10 mil millones del Fondo de Estabilización en abril, que tendrán que regresar en el primer semestre de este año.

La otra vía es el gasto, donde sí tienen margen, en la medida que sea más eficiente su programación y se revisen los presupuestos de forma tal que se eliminen gastos innecesarios como los de comunicación social. Obviamente horroriza lo que ha pasado en términos de corrupción como en Veracruz. Es claro que la burocracia no es la solución a los problemas de empleo, pero también que en algunos estados no existen otras alternativas.

Deben activarse los mecanismos de coordinación que ya existen, como es el Sistema Nacional de Coordinación Fiscal, que tiene grupos como el de nuevas fuentes de ingresos, y aplicarse en la colaboración administrativa, por ejemplo en materia de fiscalización, comercio exterior y en lo relativo a la zona federal marítimo terrestre.

Sí tienen opciones y deben aplicarse en la política de desarrollo, apoyando todos los esfuerzos que se están generando en algunas regiones del país.

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