Opinión

Acapulco, pueblo sin ley ni gobierno

 
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Acapulco. (Cuartoscuro)

Los resultados han ido fluyendo poco a poco y, por lo que se ha visto hasta el momento, la industria turística del país tuvo muy buenas semanas Santa y de Pascua.

Por ejemplo, la Ciudad de México, en voz de Miguel Torruco, su secretario de Turismo, afirma que ambas semanas dejaron una derrama económica de cuatro mil millones de pesos, 17.5 por ciento más que el año pasado.

Estos son los números de la gran capital, pero inclusive pequeños destinos como el Pueblo Mágico de Tecate, en Baja California, reporta que recibió treinta mil visitantes que dejaron en el destino 35 millones de pesos, con una ocupación hotelera superior en 23 por ciento a la que hubo en 2015 en el mismo periodo de vacaciones. Y, aunque no informaron sobre el comparativo del año pasado en cuanto al dinero, sí hay un dato que es de llamar la atención: 81 por ciento de esos turistas fueron extranjeros.

Claro que habrá quien se explique este porcentaje alto de extranjeros por el hecho de que Tecate es una ciudad fronteriza; pero también hay que ver en este hecho un regreso de la confianza y una disminución por lo menos de la percepción de los niveles de violencia e inseguridad que alejaron al turismo foráneo en los años recientes, principalmente durante el sexenio de Felipe Calderón en esa región.

Porque, a nivel estatal, también fue un factor con un rango alto: en las pasadas vacaciones 44 por ciento de los turistas llegaron de fuera. Además, su secretario de Turismo, Óscar Escobedo Carignan, aseguró que la cantidad de viajeros se incrementó en 19 por ciento, al alcanzar el millón 152 mil, de los cuales catorce mil llegaron en 16 cruceros, con una derrama económica de mil 368 millones de pesos.

Los hoteleros de uno de los principales destinos turísticos que tenemos, Puerto Vallarta, reportaron un promedio de ocupación general de 80 y 90 por ciento en la hotelería de lujo, en tanto que la Canaco-Servitur reporta ventas por 600 millones de pesos.

Lejos de la playa, en Guanajuato también las cosas marcharon bien. Su Secretaría de Turismo informó que, con 952 mil turistas, recibieron 24 por ciento más que el año pasado; su derrama de dinero la calculan en dos mil 27 millones de pesos.

Bueno, hasta Guerrero, considerado en la actualidad el estado más violento del país, informa haber recibido ocho por ciento más turistas que en 2015, con 800 mil visitantes y una derrama de dos mil 500 millones de pesos. Su promedio de ocupación hotelera fue de 73 por ciento.

El secretario de Turismo de la entidad –que ya lo ha sido varias veces–, Ernesto Rodríguez Escalona, aseguró que la mayoría se concentró en Acapulco, a donde llegaron medio millón de vacacionistas y, aunque sí tiene el dato de cuánto dinero ganaron Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco –sus otros dos principales destinos–, no lo proporcionó para el caso de Acapulco.

Y es que, comparada con otras épocas ya lejanas, una ocupación hotelera de 72 por ciento para Acapulco, en plena Semana Santa, no son grandes números, sino una desgracia. Pero cómo podría ser de otra manera si tan sólo durante esta Semana Mayor hubo en ese puerto ¡38 asesinatos! –según publicó el periódico Excélsior–, lo cual habla de que el dizque blindaje del sitio que hicieron las fuerzas policiales locales, federales y el Ejército, mató de risa a la delincuencia organizada.

Por esta razón es que, a diferencia de destinos como Tecate, Ensenada, Puerto Vallarta o San Miguel de Allende, que suelen incluir en sus estadísticas la división entre turistas nacionales y extranjeros, con Acapulco ya prácticamente no sucede así porque sus visitantes foráneos son muy pocos.

Con una ciudad que sobrevive sin un gobierno municipal solvente y un gobernador, Héctor Astudillo Flores, que aunque ya tiene medio año que asumió el cargo tal parece que no acaba de llegar, sus habitantes tienen que vivir lidiando con bandas que los extorsionan, roban, exigen derecho de piso o los matan, sin que la autoridad haga nada.

El hecho de que el comercio organizado de Acapulco haya solicitado al gobierno que ya no les cobre impuestos para poder pagarle el derecho de piso a los delincuentes –porque no les alcanza para pagarle a los dos— y que le hayan pedido a las bandas de criminales que se repartan bien los territorios, porque tampoco pueden pagar doble extorsión, habla de un gobierno de facto y paralelo que ya se instaló en Acapulco, bajo la mirada complaciente de todos los órdenes de gobierno. La falta de una autoridad, desde hace años ha hecho de Acapulco un destino para turistas que gastan poco dinero y para delincuentes que están acabando con este que alguna vez fue lo mejor que teníamos.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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