Opinión

Acapulco, lo que fue 
no será

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Turismo Acapulco

A fines de 1963 se estrenó en Estados Unidos la película Fun in Acapulco, protagonizada por Elvis Presley (quien no pudo visitar el puerto para la filmación, pues dos años antes había sido declarado persona non grata por el gobierno mexicano). Dice la canción de la película, interpretada por Elvis: “Mira cómo el cielo se torna rojo / Y tú estás descansando todavía / Acapulco es diversión / No puedo esperar más a ver a tus dulces señoritas / Y besarlas a todas / Este no es el momento para la siesta / Este es el momento para la diversión”. Playas tranquilas y soleadas, lindas señoritas, y una fantástica vida nocturna de bajísimo riesgo. A eso nos remitió Acapulco durante muchos años, pero en un breve lapso, el puerto cambió.

Desde mediados de 2010 en Acapulco no sólo el cielo se pinta de rojo, como cantaba Elvis, sino también las calles y aceras de varias colonias del centro y la periferia de la ciudad, donde cotidianamente hay persecuciones, ataques y enfrentamientos. La epidemia de violencia alcanzó a Acapulco en septiembre de 2010, inmediatamente después de la captura de Edgar Valdés, alias La Barbie, quien fuera operador de Arturo Beltrán Leyva y después se convirtiera en un influyente broker criminal que, entre otros quehaceres, manejaba el negocio de la cocaína en Acapulco.

Con el arresto de La Barbie en agosto de 2010, la violencia en Acapulco aumentó exponencialmente. La paz no ha regresado al puerto desde entonces. Poco más de la mitad del total de las ejecuciones registradas en Guerrero ocurren en Acapulco. La violencia disminuyó temporalmente de enero a agosto del año pasado, pero en septiembre se disparó de nuevo. Durante el último año se han registrado en Acapulco 657 ejecuciones, es decir, casi dos ejecuciones diarias en promedio, lo que la ha convertido en la ciudad más violenta del país.

La violencia acapulqueña muestra patrones claros en términos de ubicación y perfil de las víctimas. Durante el mes pasado, por ejemplo, se registraron numerosas ejecuciones en los siguientes poblados o colonias: Tres Palos, Jardín Mangos, La Olímpica, Ciudad Renacimiento, La Laja, Icacos, Alta Progreso, La Cruces, 20 de noviembre, y alrededores de la Central de Abastos. Empiezan también a registrarse ejecuciones en algunos puntos de la zona Acapulco Diamante, y ni siquiera la Costera Miguel Alemán se salva de balaceras ocasionales (una de las cuales le tocó muy de cerca al nuevo gobernador Héctor Astudillo mientras cenaba con su esposa hace casi dos meses).

Blancos recurrentes en los ataques son taxistas, policías y expolicías, y jóvenes adolescentes que trabajan como vigías, narcomenudistas, matones, custodios de casas de seguridad y cobradores de “cuotas de piso”. Al contrario de lo que declaran las autoridades del estado, según las cuales los muertos son individuos ligados a la delincuencia organizada, víctimas frecuentes de ataques y enfrentamientos son civiles inocentes: visitantes de misceláneas y talleres mecánicos, pasajeros de taxis cuyos choferes fueron perseguidos, bebés y niños que se encontraban con sus padres cuando éstos fueron atacados, asistentes distraídos de bares y discotecas. Varios de ellos “desaparecieron” y terminaron quizás en alguna de las fosas clandestinas que recientemente se encontraron en terrenos baldíos de la zona urbana.

Acapulco es el motor económico de Guerrero, pues su sector privado representa casi 40 por ciento del personal remunerado en el estado. El 81 por ciento de las llegadas de turistas a Guerrero tienen como destino Acapulco. El sector turístico ha sido afectado por la violencia: desde 2003 el arribo de turistas crecía hasta que se detuvo en 2008. A partir del año siguiente, el arribo de turistas al puerto comenzó a disminuir. En 2014 la ocupación hotelera anual fue de 39 por ciento.

El nuevo gobernador ha manifestado que reestructurará radicalmente los cuerpos policiales e implementaría “el mando único y la policía única”; además se ha comprometido a atender a jóvenes adolescentes mediante acciones de política social dirigidas precisamente a ellos. Estas dos vertientes de trabajo tendrán un impacto favorable en la seguridad de Acapulco, en caso de concretarse.

Mientras las medidas anunciadas por Astudillo no se conviertan en realidad y empiecen a arrojar resultados, la estrategia de seguridad continuará basándose en operativos y acciones sociales del gobierno federal. Durante las últimas semanas, han arribado a Acapulco cientos de elementos federales. Se ha dicho que no sólo estarán presentes en la zona turística, sino también en las colonias de alta incidencia delictiva. Sin embargo, los taxistas se han quejado, por ejemplo, de que la Gendarmería no resguarda las colonias peligrosas sino que se limita a recorrer la carretera federal.

Varias preguntas siguen flotando en el aire: ¿De donde saldrán los recursos para que el estado avance en la construcción de una policía única de calidad? ¿Hasta cuando se trabajará para fortalecer la Fiscalía General del Estado e implementar el nuevo sistema penal acusatorio en el distrito judicial al que pertenece Acapulco? ¿Qué postura tomará el gobierno estatal en relación a las policías comunitarias de la zona rural de Acapulco? Sin respuestas a estas preguntas, es imposible avizorar un Acapulco como el que hace medio siglo cantó Elvis.

Twitter: @laloguerrero

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