Opinión

Abundan pseudoargumentos luego del Brexit

 
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Krugman.

Gran parte de la discusión respecto al Brexit y su impacto me molesta.

Creo que el Brexit es un desarrollo trágico que causará sustancial daño económico en el largo plazo. Pero lo que estamos escuchando abrumadoramente de los economistas es la afirmación de que también tendrá impactos severamente adversos en el corto plazo. Y esa afirmación parece dudosa.

O es más, es una afirmación que no se deriva de la macroeconomía estándar, pero que está siendo presentada como si así fuera. Y me preocupa que lo que estamos viendo sea un caso de razonamiento motivado, lo que podría terminar dañando la credibilidad de los economistas.

Empecemos por el principio: el Brexit casi por seguro tendrá un efecto adverso sobre el comercio británico. Incluso si el país termina teniendo un acuerdo como el de Noruega con la Unión Europea (UE), la pérdida de acceso garantizado al mercado europeo afectará las decisiones de las firmas sobre inversiones e inhibirá los flujos comerciales.

Esta reducción en el comercio respecto de lo que de otra forma sucedería, a su vez, hará que la economía británica sea menos productiva y más pobre de lo que hubiese sido. Generar un número específico requiere supuestos bastantes heroicos, pero parece posible una caída en el ingreso de entre 2 y 3 por ciento a perpetuidad.

Hasta aquí todo bien, o más bien todo mal: esto es economía estándar.

¿Pero qué hay respecto a las advertencias de que el Brexit precipitará una recesión británica, o al menos una desaceleración drástica en el corto plazo? ¿De dónde salen estas advertencias?

Los argumentos comerciales se centran en el lado de la oferta de la economía: menos comercio significa menos productividad y, por tanto, menos capacidad productiva. Pero el tipo de recesión del que estamos hablando aquí es un fenómeno del lado de la demanda: un desplome ocasionado por gasto inadecuado. ¿Y, exactamente, por qué supuestamente debe pasar eso?

Hasta donde puedo decir, el argumento a favor de la recesión, o al menos de una desaceleración, se basa en dos propuestas completamente distintas: la idea de que la incertidumbre disuadirá la inversión y, posiblemente, el consumo, y la idea de que un incremento en los riesgos percibidos empeorará las condiciones financieras.

Abordemos esto por partes.

En lo que respecta a la primera, el Brexit ciertamente incrementa la incertidumbre, ¿pero, es esto necesariamente malo para la inversión?

Esto no queda para nada claro a partir de la literatura teórica: las compañías de hecho podrían invertir más de cara a la incertidumbre, en efecto para cubrirse. Entonces, ¿por qué la propuesta de que la incertidumbre disuadirá la inversión está siendo aceptada tan fácilmente en este caso?

En parte, sospecho que es algo similar a un juego de palabras. Cuando las empresas hablan de “mayor incertidumbre”, realmente están hablando de mayor probabilidad de que sucedan cosas malas. Y quizás también es esto lo que quiere decir la gente que está escribiendo sobre el incremento en la incertidumbre a raíz del Brexit.

Pero, en ese caso estamos diciendo que van a pasar cosas malas porque las firmas percibirán un incremento en la probabilidad de que sucedan cosas malas. Es un razonamiento circular, asumiendo la conclusión de uno, o ambas.

También señalaría que cualquier cambio importante de política crea incertidumbre, porque nadie sabe cómo resultará. Entonces, ¿por qué no escuchamos advertencias sobre recesiones cuando los países contemplan una liberalización comercial importante, o esquemas de privatización, o reformas al mercado laboral? El argumento de que “la incertidumbre deprime la inversión” parece ser lanzado selectivamente, únicamente desplegado contra políticas que no son del agrado de los economistas.

¿Qué me dicen del argumento de que el Brexit empeorará las condiciones financieras, incrementando los diferenciales de riesgo? Este parece ser otro argumento circular; afirma que malas cosas sucederán porque los inversionistas esperarán que pasen cosas malas.

Argumentos débiles

Los argumentos a favor de daños importantes de corto plazo provocados por el Brexit parecen bastante débiles. Un economista que intentara presentar argumentos similares a favor o en contra de la mayoría de las políticas enfrentaría muchísima crítica. Pero en este caso casi tenemos consenso de aceptación de estos argumentos débiles. ¿Por qué?

Bueno, los economistas tienen una tendencia histórica a relajar sus estándares intelectuales cada vez que surgen cuestiones de comercio; la sensación de que el razonamiento chapucero en defensa del libre comercio no es un vicio. Por ejemplo, la afirmación de que la liberalización comercial es un excelente creador de empleo es generalizada, pese a que no se basa en ningún modelo estándar.

Como he escrito antes, algunos ataques a la “Trump-economía”, que es realmente mala, de todas formas toman atajos intelectuales, haciendo raros supuestos nuevos sobre la marcha (por ejemplo, que las tarifas reducen el gasto en importaciones, pero que nada de ese gasto se desvía a producción nacional).

Sospecho que la misma cosa está pasando en el caso del Brexit. Los economistas tienen muy buenos motivos para creer que el Brexit causará cosas malas a largo plazo, y se sienten tentados a hacer más interesantes sus argumentos pronunciando dudosas afirmaciones sobre el corto plazo. Y el hecho de que tanta gente respetable esté pronunciando estas afirmaciones dudosas hace que parezcan bien razonadas, cuando no es así.

Desafortunadamente, este tipo de cosas, aparte de ser una práctica inherentemente mala, muy fácilmente puede ser contraproducente. En efecto, el rebote de las acciones británicas, que actualmente están por encima de los niveles previos al Brexit, ya está causando cierta reacción contra los economistas convencionales y sus advertencias de “Chicken Little”.

Twitter:@paulkrugman

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