Opinión

Absurdos de la publicidad oficial

 
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2016 será un año de recortes al gasto público. De la reducción total con respecto al Presupuesto de Egresos (por 132 mil millones de pesos), 22 por ciento corresponderá a los 'ramos administrativos' (secretarías y dependencias no autónomas) y el restante 78 por ciento a las empresas productivas del Estado. Por otra parte, esta semana la SHCP dio a conocer la evolución de las finanzas públicas en enero pasado: el gasto neto presupuestario del sector público se redujo 11.6 por ciento en términos reales con respecto al mismo mes de 2015, el programable 16.8 por ciento y el corriente 7.9 por ciento. Si bien esos resultados apuntan hacia el cumplimiento del objetivo de reducir el gasto, habrá que esperar la evolución en los próximos meses, dado que tradicionalmente en el primer mes del año el gasto público se contiene debido a que Hacienda no radica los recursos en las cuentas de las dependencias; inicia el proceso de dar a conocer las reglas de operación de los programas; y a que estacionalmente se programa un ejercicio del gasto relativamente bajo, entre otros factores.

Este año hay tela de dónde cortar. Además de los “decretos de austeridad” sexenio tras sexenio –este no fue la excepción en febrero pasado– que buscan reducir, casi siempre con poco éxito, el gasto asociado a los funcionarios (celulares, viáticos, transporte) y cuyo impacto efectivo en el gasto global es prácticamente nulo, un ámbito de recorte potencial es el mal llamado “gasto en comunicación social”, que en realidad son erogaciones para presumir las actividades de las dependencias y sus funcionarios a los que se les paga por hacerlo. No tendrían que publicitarlo; sería como si el director de recursos humanos de una empresa ensalzara que pagó la nómina y, además, utilizara recursos de la empresa para publicitar su 'logro'. Eso hace las dependencias federales, así como los gobiernos estatales y municipales.

En 2015 el gasto en comunicación social del gobierno federal ascendió a cuatro mil 357 millones de pesos, lo que fue más del doble del gasto de la Secretaría de Energía y similar al de Trabajo o de Turismo, y equivalente a 3.5 por ciento del gasto en salud, 6.0 por ciento del de agricultura o 1.5 por ciento del educativo. Y no sólo es el monto, que no es menor, sino su deficiente orientación, calidad y efectividad. De acuerdo con un ejercicio 'casero' (esto es, una mera aproximación) de revisión de ocho periódicos de circulación nacional en septiembre-diciembre del año pasado, las inserciones pagadas del gobierno representaron entre 13 por ciento y 22 por ciento del espacio total lo que habría implicado un costo de más de mil millones de pesos a precios de mercado (hay que suponer que el gobierno obtiene algunos descuentos) en ese trimestre.

Buena parte de esa 'comunicación social' no tiene objetivos claros y sí muchos absurdos. Ese es el caso de los anuncios sobre las acciones de búsqueda y rescate de la Marina (que lo haga en costas y puertos, no en los estados del centro); de la campaña de la Secretaría de Salud contra el chikungunya (importantísima pero, ¿en diarios de circulación nacional, en vez de focalizarla regionalmente en medios masivos de comunicación?); los apoyos de Sagarpa a productores (sin indicar cómo acceder a los programas o para qué aplican los apoyos); la recuperación de espacios públicos de Sedatu (un parque en San Luis Potosí, bien pero que se promueva en la localidad no en todo el país); o los créditos a mujeres al 6.5 por ciento anual (sin señalar cómo se obtienen o para qué y dónde se pueden solicitar). Lo anterior no es muy distinto de las campañas de gobiernos locales para visita del papa Francisco (Michoacán anunciándose en Morelos o el 'bienvenido a casa' del gobierno de la Ciudad de México) o el nuevo e inútil gasto publicitario 'Adiós DF, hola CDMX'.

No hay duda que se requiere una revisión integral de ese tipo de programas para que cumplan con una verdadera función de comunicación. Urge generalizar la práctica de evaluaciones de impacto del gasto público y no sólo de desempeño o de destino de los recursos.

Este sería un buen ámbito para empezar.

Twitter: @ruizfunes

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