Opinión

Abril: Desaceleración en industria y servicios, con elevada inflación

 
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Crecimiento económico: una buena y otra mala.

El Inegi reportó un crecimiento del PIB al primer trimestre bajo cifras desestacionalizadas de 2.6 por ciento anual. Una ola de revisiones al alza se ha dejado sentir de parte de varios analistas y hasta el propio gobierno federal, que está estimando ahora un crecimiento de entre 1.5 y 2.5 por ciento anual. No sería sorpresa que los resultados de las próximas encuestas ubiquen el consenso de los analistas en algo cercano a 2.0 por ciento anual o un poco más alto.

Por otra parte se dio a conocer la inflación de la primera quincena de mayo, con un dato anualizado de 6.17 por ciento anual. La inflación, al igual que el crecimiento económico, está saliendo por arriba de lo estimado.

Preocupan algunas revisiones salariales como la que acordó la Secretaría de Hacienda con la FSTSE de un incremento de 5.7 por ciento para los trabajadores del gobierno federal, retroactivo al primero de enero.

Un incremento superior a 4.2 por ciento que negoció Telmex con sus trabajadores, y que se otorga a unos cuantos días de las elecciones en algunos estados, porque pueden generar un contagio que se traduzca en efectos de segundo orden en la inflación, lo que implicaría que entraríamos a la peligrosa zona de retroalimentación. Es muy probable que veamos estimaciones de una inflación al cierre del año por arriba de 6.0 por ciento anual.

El Banco de México ha incrementado las tasas de interés en varias ocasiones, en una estrategia de mucha anticipación, aumentando su tasa de referencia desde el 3.0 por ciento que fue el mínimo, a 6.75 por ciento anual. Los analistas estamos esperando otro incremento en junio, cuando la Fed incremente su objetivo de la tasa de Fondos Federales, y ya hay varios que ubican la tasa del Banxico a 7.50 por ciento al cierre de este año.

La OPEP anunció el jueves pasado en Viena que el grupo de países miembros y no miembros del cártel que acordaron reducir la producción en 1.8 millones de barriles diarios el pasado noviembre, extienden el acuerdo por nueve meses más. Sin embargo, los mercados no reaccionaron favorablemente al anuncio, reflejando que esperaban algo más sustancioso de esta reunión. De acuerdo con los últimos datos, la reducción efectiva hasta abril alcanza 1.6 millones de barriles en la oferta de estos 21 países, pero los productores en Estados Unidos han incrementado en medio millón de barriles su producción, y la exploración de pozos para la extracción de hidrocarburos tipo shale se fue al doble.

Bursamétrica estima que el recorte efectivo en la producción global se ubica en 1.1 millones de barriles, y que los precios en el WTI se estabilizarán en un rango entre 45 a 50 dólares por barril en los siguientes meses, pudiendo descender a 40 dólares al cierre del año. El efecto en México es ambivalente: el acuerdo evita que los precios del crudo se desplomen de nuevo, nos permite concretar nuestro programa de coberturas de precios de petróleo para el presupuesto de 2018, e implica una menor presión inflacionaria en los precios de los energéticos y en el tipo de cambio.

El Inegi también publicó la balanza comercial de abril. Lo preocupante de los datos del comercio exterior, bajo cifras desestacionalizadas, es la reducción de 2.72 por ciento en las exportaciones no petroleras, y la caída de 7.3 por ciento anual en las importaciones de uso intermedio. El corazón de nuestra economía exportadora está en la manufactura. Una caída de esta magnitud en las importaciones de uso intermedio nos está reflejando una desaceleración en el comercio externo, que pudiera no ser un dato aislado.

La Inversión Extranjera Directa al primer trimestre presentó una caída de 26 por ciento anual al captar siete mil 948 millones de dólares, de los cuales  63.5 por ciento corresponde a la reinversión de utilidades de las empresas extranjeras establecidas en México, y sólo 25.4 por ciento son nuevas inversiones.

Nuestro indicador IBAM para abril nos señala una desaceleración. El indicador general presentó un incremento de 6.9 por ciento anual, inferior al crecimiento de 9.3 por ciento anual que presentaba este indicador a marzo. Por dentro del mismo, se observa algo parecido a lo que vemos en la balanza comercial: una industria débil. Pero también se observa desaceleración en el mercado interno. Con estos indicadores estamos estimando un crecimiento de alrededor de 2.0 a 2.5 por ciento anual en el IGAE de abril.

Ante esta desaceleración inercial, el año entrante tenemos las elecciones presidenciales. ¿Qué estará pensando el gobierno? ¿La conducción responsable de las finanzas públicas será suficiente para atraer votos y contrarrestar la pésima imagen de corrupción e inseguridad que prevalece en el país? ¿No se podría hacer algo para ayudar a que se genere mayor inversión, mayor empleo y mayor nivel de vida en la población?

El autor es presidente de Bursamétrica.

Twitter: @EOFarrilS59

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