Opinión

Abdel el Sisi se vuelve contra su amo


 
 
Devoto musulman cuya esposa viste la nikab completa para cubrir su rostro, el coronel general Abdel Fatá el Sisi fue elegido por Mohamed Morsi como su ministro de Defensa precisamente por sus impecables credenciales religiosas, dentro de unas fuerzas armadas caracterizadas por el secularismo, el control de parte de la economía egipcia y una alianza con Estados Unidos que hizo de la mayoria de sus altos mandos un grupo de activos del Pentágono y de la CIA.
 
Su nombramiento al cargo, insiste Reuters, fue una demostración de que el ejército al fin quedaba supeditado a los civiles, al primer mandatario salido de las urnas. Un año después, sin embargo, El Sisi procedió como no se había imaginado su antecesor, Mohamed Husein Tantawi, demasiado cercano al exdictador Hosni Mubarak, para tratar de imponer el orden en el país de las pirámides, que se arrastra entre la insurrección de los laicos y modernizadores --los ocupantes originales de la plaza Tahrir-- una crisis económica que se profundiza y la previsible reacción de los extremistas dentro de la Hermandad Musulmana, que ya cantaban victoria cundo el mes pasado el sunita Morsi pidió una intervención bélica en Siria para liquidar al alauita Bashar el Assad.
 
La caída de Morsi generará ondas de choque en todo Oriente Medio y más allá, pues la 'primavera árabe' ya completó un ciclo que ahora puede dar paso a un verano caliente de lucha e inestabilidad. ¿Qué dirá Israel, que ya se había alarmado antes del triunfo electoral de Morsi, cuando su embajador fue expulsado por la turba de El Cairo? ¿Qué hará Washington, que decepcionó al premier Benjamin Netanyahu y al monarca saudita, cuando se negó a dar luz verde a la represión de Mubarak en 2011?
 
A fin de cuentas, nadie puede ignorar que el cuartelazo de El Sisi es lo que más convenía a los intereses de EU y de Israel. Como Tantawi y el resto de la casta militar, el oficial cairota de 58 años, famoso por su suave tono de voz y tranquilidad, estudió en el establecimiento del Pentágono y ahí fue certificado. Un año en el Colegio de Guerra del Ejército, en Pennsylvania, y “tanto los funcionarios civiles como castrenses de EU ya estaban al tanto de su carrera. Era un nombre que se mencionaba cuando la gente hablaba del Egipto de las generaciones futuras”, explicó Robert Springborg, especialista de la Escuela Naval de Postgraduados en Monterey, California.
 
Springborg añadió que El Sisi se forjó una favorable reputación entre sus contrapartes estadounidenses, que sostienen al ejército egipcio con 1,300 millones de dólares anuales, intocables pese a los cambios de régimen. Se reconocían sus tendencias religiosas y “la ideología islámica penetró su pensamiento en torno a la política y la seguridad”, pero eso no constituye un impedimento para Washington, que ahora incluso distribuye armas entre los fanáticos canibales que intentan liquidar a El Assad.
 
Para los manifestantes que exigieron en Tahrir la cabeza de Morsi, El Sisi tendrá que cumplir con la organización de comicios en el menor tiempo posible. Según una encuesta de Zogby, 94% de los egipcios confía en el ejército.