Opinión

Abandona Conacyt red de Oficinas de Transferencia de Tecnología

18 enero 2017 5:0
 
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Conacyt. (EdoMex Al Día)

Dos fueron los ejes sobre los que la administración del Presidente Peña Nieto pretendió impulsar el desarrollo de ciencia y tecnología de contenido empresarial en el país. El primero, la reforma de la ley en diciembre de 2015, que habilito a los investigadores pagados por el gobierno federal para establecer relaciones con empresas para el desarrollo de estudios y tecnología sin incurrir en supuestos de conflictos de interés. Este esquema, que destrabó un nudo burocrático largamente cuestionado, abrió espacios novedosos para que científicos e investigadores pudieran encontrar estímulos renovados para su crecimiento personal y profesional, al permitirles llevar al mercado sus aportaciones intelectuales.

Esta importante medida se acompañó de una ampliación importante en la inversión en estos rubros, incrementando el número de investigadores del Sistema Nacional de Invest de los 18,500 con los que inició el sexenio en 2012, hasta 25,000 –estimados-, para mediados de 2017.

El segundo eje, presumiblemente de mayor impacto estructural, consistió en el diseño e instrumentación de una amplia red de oficinas de trasferencia de tecnología, que tienen por principal objetivo operar como agentes activos de vinculación. El enlace proclamado como objetivo no se limitaba al tradicional nivel de industria, gobierno y academia, sino en la intención de trascenderlo permitiendo la creación de una plataforma de especialistas en transferencia de tecnología que pudieran, también, interconectarse entre sí para combinar recursos, disciplinas y experiencia.

El diseño de la estrategia pretendía lograr la inserción de una OTT en cada uno de los institutos y centros de investigación, a fin de acercarles la labor de facilitación que supone esa interacción cotidiana. Ir más allá del nivel en el que alguien encarga un servicio y otro lo presta, sino derivar hacia programas de capacitación, protección de propiedad intelectual y gestión de tecnología. Digamos que, por primera vez en el país, se vislumbró la posibilidad de reunir en un mismo ecosistema de innovación, todas las piezas sueltas que por años se mantuvieron dispersas. De hecho, todos en aquel momento coincidimos en que este formato permitiría sumar a muchos de los expertos del sector privado, que por años se habían mantenido al margen de los sistemas de innovación, incluyendo a clusters, incubadoras y aceleradoras.

Para el cumplimiento de su cometido, uno de los elementos centrales del mecanismo descansaba en la función de Conacyt como fuente de recursos para los proyectos, que ahora, con el filtro experto de las OTT tendrían mejor suerte y destino. Muchos de los proyectos fallidos del pasado, se decía, obedecían a la ausencia de un experto que pudiera orientar, en cada caso, la estrategia de diseño, producción, comprobación, y lo más importante y complejo, comercialización de la tecnología. Lamentablemente, hay que reconocerlo, muchas de las OTT formadas al amparo de las nuevas reglas tuvieron por pretensión mayor los estímulos económicos que manejarían, antes que un interés genuino en el éxito de los proyectos.

La mala noticia es que, luego de la creación de la infraestructura OTT, Conacyt ha detenido las convocatorias que les involucraban, condenando a muchas de ellas a la inactividad y el ostracismo. A pesar de las fallas y dislates, el plan para dar vida a las OTT es virtuoso y factible, y no podemos como país desistir sin perseverar basando la decisión en la falta de compromiso de unos cuantos.

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